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5 feb 2014

La Cazadora Cazada - Capítulo 17

Mientras ajustan las correas que sujetan mis muñecas y tobillos a la fría camilla, rememoro todo lo que me ha hecho llegar hasta aquí. No me arrepiento de nada. La mí tan solo es una forma de vida, arrebatando otras, sí, pero me ha permitido seguir adelante. Por eso, mientras el verdugo me acerca la jeringuilla con la sustancia que va a poner fin a mi existencia, alzo la cabeza y miro desafiante y a los ojos a todos y cada uno de los espectadores de mi final. Aquí están el juez, mi defensa, la acusación, varios familiares de mis víctimas y gente que simplemente ha acudido a disfrutar del espectáculo. La única persona que falta, es la única a la que me gustaría ver por última vez.
Estoy en el mismo lugar en que se celebró el juicio, pero han apartado todas las mesas y en el centro de la sala han colocado la camilla en la que voy a morir.
A pesar de que solo me restan unos minutos de vida, tan sólo estoy preocupada por Jacob.
Al acabar el juicio ayer por la tarde, los  dos tipos me devolvieron a mi celda y me informaron de que mi ejecución estaba prevista para el amanecer. Estaba dormitando sobre el camastro cuando escuché la puerta de la celda abrirse. Entró Jacob, vestido de negro y con sigilo.
- Amor, siento haberte hecho pasar por esto – susurró sentándose a mi lado y besando mi frente – Pero voy a arreglarlo, te lo aseguro. No vas a morir.
- Shhh, no le des más vueltas, cielo. – traté de tranquilizarlo – Con el estilo de vida que he llevado, estaba claro que antes o después iba a acabar así.
- Pero no tan pronto…
- Todo el mundo muere, es ley de vida, y mi hora ha llegado ya, nos guste o no.
- No digas…
- Es así, Jacob – le interrumpí - ¿Eres consciente de que a partir de ahora te van a observar con lupa? Voy a morir y no quiero que intentes hacer nada para evitarlo, porque eso te pondría en peligro.
- No me dejaré coger, Amanda – insistió con vehemencia – Me voy, pero no te dejaré aquí. Te quiero.
Sus labios rozaron los míos con dulzura. Disfruté de ese beso, el último. Cuando nos separamos, insistí:
- No lo hagas, por favor. – supliqué – Te amo y no soportaría que te pasara algo por mi culpa.
- Eso no te lo puedo prometer.
Por eso ahora estoy preocupada, porque estoy segura de que  no me ha hecho caso, de que ha intentado cualquiera que fuera su plan. Una parte de mí, que no ha asumido la muerte, ruega al cielo por que sea así.
Mientras pienso en esto, siento cómo la aguja atraviesa mi piel, mi carne, hasta llegar a mi vena. El líquido que inyectan está frío y lo noto incorporarse a mi sangre. Noto cómo se extiende por mi brazo mientras asciende.
Los espectadores contienen la respiración, me doy cuenta de que están deseando ver morir a alguien que consideran despreciable, sin saber que ellos no son mejores que yo, son igual de mezquinos.
El frío ya ha alcanzado mi pecho, pronto llegará a mi corazón y todo habrá terminado.
- Fin de la función, rebeldes. – desafío con mis últimas energías.

Mi corazón se está helando, como muchos creen que ha estado siempre. Si así hubiera sido, ahora no me sentiría dolida ni traicionada por él. A pesar de haberle pedido que no lo hiciera, esperaba que me rescatara;  pero eso solo ocurre con las damas bellas e ingenuas, y yo no lo soy, o era… Fue bonito mientras duró, sangriento, pero bello. 

23 ene 2014

La Cazadora Cazada - Capítulo 16


-De acuerdo – Jackson se recuperó enseguida – Esta mujer está acusada de dar caza y muerte a 50 de los nuestros en apenas dos años de pertenencia a la Unidad de Asalto. Para demostrarlo, contamos con los informes de la propia Guardia del Sistema recopilados por Julia Simons.
-Bien – intervino Shawyer – no vamos a negar que sus manos están manchadas con nuestra sangre, pero tal vez deberíamos remontarnos a sus motivos para ello – la miré con sorpresa, eso no me lo esperaba, no me gusta hablar de mí y no quería hacerlo – Por favor, señorita Morrow, explíquenos por qué comenzó a matar para la Guardia.
-Porque Marcus Sutter mató a mis padres.
-Pero usted ya se entrenaba para ello antes de que eso ocurriera – acusó Jackson.
-En efecto, pero dudaba de los principios del Sistema, no los compartía. Incluso sentía cierta simpatía por vosotros – añadí con desdén – porque creía que valorabais la vida humana más que nosotros. Pero no es así. Cuando encontré los cuerpos de mis padres, vi que sois tan despreciables como nosotros. Simplemente escogí quedarme con  mi gente y vengar la muerte de mi familia sin cuestionarme nada más.
-Ya ven que los motivos que han movido a esta joven son los mismos que nos mueven a nosotros – dijo Shawyer – Sus actos son un homenaje a su familia.
Los líderes comenzaron a murmurar entre ellos. La tensión se palpaba en el ambiente. Miré a mi defensora, que parecía preocupada, y busqué a Jacob con la mirada. No estaba, ni él ni los dos tíos que habían ido a buscarme.
Finalmente, la mujer de antes se levantó y yo la miré a los ojos, desafiante.
-Tras tener en cuenta los informes y el testimonio de la acusada, hemos decidido que nada de lo que pueda decir puede eximir sus culpas. De hecho, lejos de arrepentirse de sus acciones, está orgullosa de ellas. Por ello, la condenamos a muerte.
Solté una carcajada.
-Espero que hayan disfrutado de este pequeño teatro que han montado, porque mi castigo estaba claro desde el principio. Pero no olviden que al final se han convertido en aquello que tanto odian y con lo que quieren acabar. No son mejores que nosotros, al contrario, son hipócritas y tienen las manos tan llenas de sangre como yo.
Los ocupantes de la mesa se levantaron y abandonaron la sala, seguidos por Jackson. Shawyer se acercó a mí.
-Lo siento – dijo, y parecía sincera.
-No te preocupes – reí – no dudé en ningún momento que este sería mi final. Pero gracias de todos modos, ¿por qué me has defendido?
-Por mi hermano Jacob. Él te quiere y esto le va a destrozar. Quería evitarlo, o por lo menos intentarlo.
De repente, unas manos se apoyaron en mis hombros.
-¿Qué ha pasado? – preguntó Jacob.
Cerré los ojos sin atreverme a contestar, y su hermana desvió la mirada.
-No puede ser – murmuró, abrazándome.
Los dos tipos que habían ido a buscarme a la celda aparecieron y apartaron a Jacob, que golpeó al más alto antes de que su hermana le obligara a apartarse. Me hicieron levantarme y, a empujones, me sacaron de la sala.
-Es una lástima que no vayas a sufrir como la gente a la que mataste, puta – dijo el rubio, limpiándose la sangre de la boca.

1 ene 2014

La Cazadora Cazada - Capítulo 15

Al poco tiempo, dos hombres vestidos con el uniforme rebelde entraron en la celda. Nos miraron con repugnancia mientras Jacob apretaba su abrazo y sus músculos se tensaban.
-¿Qué? – preguntó con dureza.
-Baja los humos, Shawyer – respondió el más alto, rubio y con el pelo grasiento – Hemos venido a llevarnos a esta zorra a la sala principal para un juicio que no merece.
Jacob se levantó de un salto y le acorraló contra la pared, susurrándole algo al oído. El otro hombre, moreno de ojos saltones, le puso la mano en el hombro.
-Tranquilo, solo vamos a acompañarla.
-Pero yo voy con vosotros – sentenció Jacob.
Se acercó a mí y me ayudó a levantarme. Me agarró de la cintura y avanzamos por un corredor húmedo y mal iluminado. Bajamos por unas escaleras metálicas hasta llegar a lo que en su momento debió ser el comedor de la cárcel. Por las ventanas se podía ver una preciosa noche estrellada y en la sala había un pequeño grupo de personas. En la mesa más grande se sentaban cinco rebeldes. De frente a ellos, a la derecha había una mujer menuda que me sonrió al percatarse de mi mirada, y a la izquierda se sentaba un hombre que me observaba con desdén.
-Por lo menos hace una magnífica noche para morir – murmuré.
-No digas eso. No vas a morir.
Yo sabía de sobra que era una esperanza vana, pero no me atreví a contradecirle de nuevo. Me sentó en una silla solitaria en el centro de la sal y se retiró a una esquina.
-Bien – dijo la mujer que ocupaba el espacio central de la mesa – Amanda Morrow, está usted aquí presente para ser sometida a un juicio. Nosotros – señaló a los cuatro que la rodeaban – somos los líderes de la rebelión y los que juzgaremos la naturaleza del castigo que le corresponde. – no pude evitar sonreír, por lo que ella frunció el ceño y continuó – La señorita Shawyer será la encargada de su defensa, mientras que el señor Jackson expondrá los cargos. – mi sonrisa se acentuó.
-¿Qué le hace tanta gracia, señorita Morrow? – saltó Jackson - ¿Le parece divertida su situación?
-En absoluto – respondí mirándole con frialdad, fijamente. Noté con satisfacción que eso le asustaba.

-Empecemos cuanto antes – resolvió la mujer.

14 dic 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 14

-Mis padres murieron en uno de los laboratorios del Sistema cuando yo tenía diez años y mi abuela me crio. En mi familia eran rebeldes y a mí me entrenaron para infiltrarme en la Guardia del Sistema y actuar desde dentro. Pasaba información a los líderes sobre quiénes estaban en la Unidad de Asalto y quiénes eran las próximas víctimas. La noche que nos enviaron a por Sutter, le llamé al móvil y, como no contestaba, fui a tu casa. Por eso te encontré.
-Pero, ¿y tus víctimas? – pregunté confundida.
-La única rebelde a la que he matado es a la que tú viste morir. El resto simplemente se han ocultado aquí desde que supieron que iban tras ellos – Se detuvo como si dudaras si seguir hablándome de ello o no – Julia también es una de los nuestros. Inicialmente, nuestro objetivo era Jones, pero cuando Julia nos pilló… ya sabes… Se lo contó a los jefes. Ellos decidieron ir a por ti, cambiar temporalmente el objetivo, para que no me distrajera de la misión inicial. Por eso discutíamos el otro día en el restaurante.
-¿Por qué coño no me lo has dicho antes? – pregunté encolerizada.
-¿Y qué habrías hecho? ¿Matarme? – sonrió con amargura – Además, solo habría conseguido acelerar esto y, tal vez, sin juicio. La muerte de Sutter fue la gota que colmó el vaso.
-¡Ah, que no merecía morir! – estallé- Mira, entiendo que odies el Sistema y todo lo que lo representa, pero yo tenía los mismos motivos para matar a ese cabrón que tú para matar a los míos. Y sabes que fue uno de vuestros asesinatos lo que me llevó a estar donde estoy y a hacer lo que he hecho.
-Lo sé, Amanda, pero ellos no lo van a ver así de entrada. Quizá si en el juicio les cuentas lo que me contaste a mí de tus dudas antes de que murieran tus padres…
-¿Si se lo cuento, qué? – sollocé – Todo este juicio no es más que un show para tenerte contento, par que creas que tienen en cuenta lo que tú sientes y no te largues y les dejes tirados. Porque no creo que Julia valga nada como espía. Jacob, yo ya estoy muerta, desde que la zorra esa me dejó inconsciente en tu casa. No te engañes.
Observé su expresión derrotada mientras decía esto. Parecía realmente angustiado, un niño al que plantean un problema demasiado complicado. Me dolía verle así, a pesar de todo.
-Tienes que intentarlo, por favor – susurró – No te rindas. Eres lo único que vale la pena en mi vida, no puedo perderte así.

Me abrazó y sentí sus lágrimas en la fina tela de mi camisa, a la vez que las mías mojaban su pelo.

6 dic 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 13

Cuando abrí los ojos, sentía una pesadez terrible en todos los músculos de mi cuerpo, además de un dolor de cabeza terrible; parecía la versión más fuerte de una resaca. Intenté mover los brazos para despejarme, pero los tenía atados a la espalda. No sabía dónde estaba. Me incorporé, apoyándome en la pared y miré a mi alrededor. Estaba en una celda fría y con goteras. Sólo había un camastro de hierro con un colchón ajado y sin sábanas y un viejo retrete. Recordé lo ocurrido en el piso de Jacob.
Estaba en el cuartel general de los rebeldes, que habían conseguido mantener oculto a la Guardia hasta el momento.
Los rebeldes nunca toman rehenes, matan directamente a los partidarios del Sistema. La mujer que me capturó dijo que los de arriba me querían viva, pero ¿para qué? Tenía que salir de allí, pero no había ventanas. Mientras pensaba cómo huir, llegó una mujer mayor, con el pelo canoso recogido en una coleta y unos ojos grises que hicieron que algo se revolviera en mí.
-Hola, Amanda – dijo con tranquilidad - ¿Quieres agua?
Asentí, mirando aquellos ojos y ella me acercó un vaso a la boca.
-Me llamo Kerrianne. ¿Sabes dónde estás? – negué con la cabeza – Vale, estás en nuestro cuartel general, la antigua prisión militar del sector 9.- Ese lugar había sido abandonado muchos años atrás, después de que el virus con el que estaban trabajando y experimentando unos científicos se les fuera de las manos. – Vas a ser sometida a un juicio. Ten en cuenta que eres la primera partidaria del Sistema a la que se va a juzgar.
-¿A qué debo el honor? – pregunté con sarcasmo.
-Porque es la única forma de mantener a mi nieto a nuestro lado. – la miré sin comprender y ella me sonrió – Venga, vamos a lavarte la sangre y a vestirte para comenzar el juicio.
Dicho esto, cogió una esponja y, con suavidad, me limpió la herida de la frente. Siguió quitándome la camiseta y los vaqueros para continuar lavándome.
-No sé por qué estropeáis vuestros cuerpos con tantos tatuajes – comentó para sí misma.
Me vistió con una falda marrón que me llegaba a las rodillas y una blusa que alguna vez fue blanca. La anciana me estaba recogiendo el pelo en una coleta cuando Jacob entró en la celda. Lo miré con sorpresa y entonces lo entendí todo. Kerrianne había dicho que yo estaba allí por su nieto y tenía los mismos ojos que Jacob. Él me había traicionado, la única persona en la que había confiado en años y el único hombre al que había amado.
Él llevaba unos vaqueros gastados, una camiseta negra y el pelo alborotado. Estaba pálido y con ojeras.
- Abuela, tengo que hablar con Amanda, ¿puedes dejarnos solos?
-Claro, cielo – dijo levantándose y dándole un beso en la mejilla al salir.
Se hizo el silencio entre nosotros. Él me miraba fijamente, como intentando decidir qué palabras usar, y yo trataba de aguantar las lágrimas de dolor e ira sin mirarle. Finalmente, se acercó y se sentó en el suelo a mi lado.
-Amanda, amor… - empezó en voz baja – Siento que tengas que estar aquí, todo esto es por mi culpa.
-Así que todo lo que has estado conmigo era para al final traicionarme ¿no? Eres un hijo de puta. Lo que no entiendo es por qué no me dejaste morir la noche que acabé con Sutter, habría sido más fácil. Por lo menos habría muerto sin odiarte…
-Por favor, amor…
-¡No me llames amor! – grité - ¡Me has arrastrado a la muerte!

-¡Amanda! – repitió, sosteniéndome la cara entre sus manos mientras sus ojos se llenaban de lágrimas – Al principio sí era así, pero no ahora. Todo lo que te he dicho, que te quiero, que estoy contigo, es real. Quería dejar la misión, pero no me lo permitieron. Me prometieron que no iban a ir a por ti ayer, por eso te dejé sola. Perdóname. 

28 nov 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 12

Me acerqué con cautela, y sin hacer ningún ruido. Entré de repente en la habitación. Allí había tres personas; dos hombres y una mujer, armados y con la cara cubierta por un pasamontañas. En sus jerseys negros podía verse la marca de la rebelión. Rápidamente, me coloqué detrás del que estaba más cerca de la puerta, rodeé su cuello con un brazo y, tras desarmarle, apoyé el cañón del revólver en su sien.
-Bueno, no quiero ningún movimiento brusco o vuestro compañero pasará a mejor vida.
-¿Qué te hace pensar que nos importa que él muera? – contestó, impasible, la mujer – No sería un sacrificio en vano si con ello logramos capturarte, mala bestia.
-¡Oh!, está bien.  – resolví – Si no os importa… - apreté el cañón más fuerte – Creo que hay demasiados visitantes indeseados aquí.
Las armas de los otros dos rebeldes me apuntaban directamente, por lo que tras apretar el gatillo, solté el cuerpo del hombre y hui en dirección al salón. Allí, me oculté en el hueco tras el sillón y la puerta, donde esperé a que ellos salieran del dormitorio.
-No he oído la puerta – dijo el hombre – tiene que estar por aquí.
-Tienes razón – respondió su compañera – Tú mira en el salón, yo iré a ver en el baño.
Vi aparecer al hombre, que enseguida me dio la espalda para mirar detrás del sofá grande. Cogí el cojín del sillón y me acerqué a él. Lo coloqué sobre su boca y nariz y, con el revólver apuntando a su pecho, le hice caer sobre el sofá. Coloqué la rodilla sobre su estómago, guardé el revólver y extraje el puñal del tobillo. Se lo clavé en la garganta y el cojín se empapó de sangre.
Me incorporé con cuidado y me giré para ir a buscar a la mujer, pero ella estaba a mi espalda. Me golpeó en la cabeza con la culata de una pistola y caí al suelo. Se arrojó sobre mí y me quitó el arma. Me revolví y le golpeé la mandíbula con el puño. Ella escupió y, sacando una jeringuilla con un líquido transparente, se colocó a horcajadas sobre mí. Me sostuvo un brazo e inyectó el contenido de la jeringa. Sentí el líquido invadiendo mi sangre y aturdiéndome.

-No sé por qué, pero los de arriba te quieren viva. – escupió la rebelde con  odio – Pero realmente te mereces morir como un perro y sufriendo, como tus víctimas.

21 nov 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 11

Cuando volví a abrir los ojos, aún era de noche, aunque estaba amaneciendo. Miré el despertador, que Jacob acababa de apagar. Eran las 6 de la mañana. Le observé mientras se levantaba y se vestía con cuidado de no hacer ruido. Cuando salió del dormitorio, volví a cerrar los ojos.
Sentí sus labios en mi frente.
-Mmm… -  susurré adormilada.
- Me voy a trabajar, amor. Si acabo pronto lo que tengo entre manos, volveré antes de la hora de comer.
- De acuerdo… Te esperaré aquí. – respondí, besándole.
- Hasta luego.
Me encogí en la cama y volví a dormirme.
Cuando finalmente me levanté, eran las diez. Desayuné y acudí a la cita que tenía esa mañana. Mientras me tatuaban la rosa en el tobillo, recordaba la conversación que tuve con Jacob al despertar tras nuestra primera noche juntos: “Creo que te falta algo que indique tu sensibilidad y ternura”. Esas fueron sus palabras. Había decidido que tenía razón, aunque solo él lograba despertar esa parte de mí.
Antes de volver a casa de Jacob, pasé por mi piso. Los rebeldes no suelen atacar durante el día y, además, soy incapaz de vivir sin armas y no me atrevía a tomar prestada alguna de Jacob. Todo estaba igual que por la noche así que me dirigí al armario de mi dormitorio y abrí el doble fondo. Decidí coger un puñal corto que amarré al tobillo sin tatuar, un revólver que oculté en la cintura del pantalón y una daga curva que guardé en el forro de la cazadora de cuero. Aproveché para recoger algo de ropa, entre la que oculté el resto de mis armas.
Cuando llegué al apartamento de Jacob, la puerta no estaba cerrada con llave, como yo la había dejado. Supuse que él ya había vuelto de trabajar. Dejé la bolsa de viaje sobre el sofá.
- ¿Ya has acabado el trabajo? – pregunté en voz alta.

Al ver que no me contestaba comencé a sospechar que algo iba mal. Saqué el revólver y fui hacia la cocina, que estaba vacía. Desde la puerta atisbé una sombra en la puerta del dormitorio. No era Jacob, el intruso era más bajo que él.

13 nov 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 10

Al llegar a mi apartamento, nos encontramos que la puerta había sido forzada. En el interior, todo estaba destrozado.
- ¿Qué ha pasado aquí? ¿Habrá sido Julia? – supuse, conmocionada por la situación.
- No creo. Toma, cógela, por si acaso – dijo Jacob, tendiéndome una pistola y cogiendo él otra.
Avanzamos sigilosamente hacia el dormitorio. Lo que encontramos allí me hizo recordar aquella noche hace tres años en que encontré los cuerpos de mis padres. Tallado en el cabecero de la cama, que estaba destrozada, estaba el símbolo de los rebeldes. Las piernas me fallaron ante la avalancha de recuerdos y Jacob tuvo que sostenerme para que no me cayera.
- Vámonos de aquí – dijo arrastrándome tras él, con tono de enfado.
Llegamos a su piso y me desplomé en el sofá.
-¿Estás bien? – preguntó arrodillándose frente a mí.
- Sí, ha sido solo que un montón de recuerdos vinieron a mi mente. Recuerdos de mis padres muertos.
-Oh… No te preocupes, amor, no voy a dejar que te pongan la mano encima – prometió con fiereza.
Lo besé, con dulzura al principio, que se tornó en pasión. De pronto sus manos, que estaban sobre mis mejillas, se desplazaron hasta mi cintura, acercándome a él y profundizando el beso. Me levantó en sus brazos y me llevó al dormitorio. A los pies de la cama, me posó en el suelo y me desnudó, a la vez que yo hacía lo propio con él. Sus labios recorrieron con suavidad mis cicatrices. Me tendió sobre la cama y nos dejamos llevar.
En medio de la noche me despertaron los gritos que Jacob profería a mi lado y sus brazos que se apretaban más en torno a mí.
- ¡No!... ¡No podéis hacer eso!... ¡No os acerquéis a ella!... ¡Me importa una mierda la misión!
Con mucho esfuerzo, me revolví en sus brazos hasta quedar de frente a él y le sacudí.
- ¡Jacob! ¡Despierta, cariño! ¡Todo está bien! – traté de despertarle.
Finalmente, abrió los ojos con un respingo y me miró aturdido.
-¿Estás bien? – le pregunté, besándole los labios con cariño – Has tenido una pesadilla.
- Mmmh, sí, tranquila, amor. Soñaba que te perdía – me confesó mirándome a los ojos, azul y gris fundidos en una mirada.
- Pues no te preocupes, que eso no va a pasar nunca – susurré, acariciándole – No va a ser tan fácil librarse de mí.
- Eso espero… - musitó angustiado – Pero, bueno, sólo ha sido un mal sueño. Vamos a dormir. – trató de sonreírme, aunque sus ojos reflejaban una profunda preocupación.
- Vale – cedí – pero que sepas que te quiero y que me van atener que arrancar por la fuerza de tu lado.
- Yo también te quiero – dijo y, con urgencia, añadió – Pase lo que pase, jamás dudes de mi amor por ti, es de lo único de lo que me siento orgulloso en esta vida.

Tras esto, lo besé, me acurruqué entre sus brazos y volví a dormirme.

5 nov 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 9

A media tarde, Jacob volvió al hospital. Cuando llegó, yo ya había dejado de llorar, pero seguía pensativa.
-Hola, amor – saludó con una sonrisa, besándome en la frente - ¿Qué tal vas?
-Hola – traté de sonreírle – Tienes mejor aspecto.
-No puedo decir lo mismo. ¿Has estado llorando? – inquirió al observarme más detenidamente. Aparté la mirada, pero me agarró suavemente la barbilla y me obligó a mirarle - ¿Qué ha pasado? – siguió, preocupado.
-Jones vino a verme, – contesté – con malas noticias.
-¿Qué? – me urgió.
-Pues… estoy despedida – sentí las lágrimas otra vez en mis ojos – Por mi actitud irresponsable e impulsiva y… por amenazar a una compañera.
-¿Qué compañera? – preguntó con suspicacia.
-¿Tú que crees? – dije con sarcasmo – Amenazó con delatarnos. Estaba celosa porque está enamorada de ti, como la mitad de la oficina. Te dije que nos iba a joder.
Su cara se tornó en una mueca de rabia e ira. Cuando empecé a sollozar, me abrazó tratando de tranquilizarme.
-¿Qué voy a hacer ahora? – me lamenté, dando rienda suelta a mis miedos.
-Shh, tranquila, yo estoy contigo – susurró en mi oído – Encontraremos una solución a todo esto.
Dos días después, me dieron el alta y Jacob me acompañó de vuelta a casa. Todo estaba igual que lo dejé. Todavía estaba algo depresiva. Me senté con cuidado en el sofá, pero aún así el dolor de los cortes de mi pecho me hizo hacer una mueca. Jacob se sentó a mi lado.
-¿Quieres que me quede? – preguntó rodeando mis hombros con uno de sus brazos.
-Por favor… No quiero estar sola – Murmuré mirándolo a los ojos.
Sus labios rozaron suavemente los míos y logró tranquilizarme.
Tras un mes, mis heridas habían curado y Jacob aún vivía en mi casa.
Salimos a cenar para celebrar mi recuperación. Nos sentamos uno enfrente de otro, estábamos cenando y hablando, cuando Jacob fijó su mirada en algo detrás de mí. De repente, se levantó con una expresión gélida en el rostro y se acercó a la persona que estaba a mi espalda. Me giré y allí estaba Julia, Jacob le estaba diciendo algo, claramente enfadado a juzgar por su tono, mientras ella me observaba. Me levanté y fui hacia ella.
-¿Qué, puta? No me hace falta ir a buscarte que ya vienes tú – espeté con frialdad- Te dije que no te fueras de la lengua – solté, acercándome a ella, con el cuchillo que había cogido de la mesa en la mano. Lo deslicé bajo su falda y susurré – No te puedo dejar a mi chico, pero si lo que quieres es un polvo, te puedo meter esto por el coño.
-Amor, relájate – me interrumpió Jacob, besando mi cuello – Déjamelo a mí. Mira, Julia, vas a pedir disculpas a Amanda y vas a ir a ver a Jones para explicarle que fuiste tú la que amenazaste primero a mi novia –dijo suavemente – Si tratas de jugárnosla, voy a ser yo el que te mate, pero primero verás morir a tu familia. – se volvió hacia mi- Vamos, Amanda.
-Claro. Hasta otra, cariño – susurré burlona a Julia, cuyos ojos estaban llenos de lágrimas.
-Me las vais a pagar- amenazó.
-No lo creo. – respondí, mientras me abrazaba a la cintura de Jacob y volvíamos a la mesa.

21 oct 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 8

En ese momento llegó la enfermera con el desayuno en una bandeja.
- ¡Oh! Siento molestar – se disculpó- Te traigo el desayuno, te tienes que tomar esta pastilla, es para el dolor, ¿de acuerdo?
No tenía hambre. Observé el zumo, la leche y las tostadas sin ganas.
-Come – me incitó Jacob al verme dudar – aunque solo sea la leche y una tostada…
-Le dejo encargado de que coma todo, joven – dijo  la enfermera dirigiéndose a él antes de salir.
Cuando estaba masticando, aunque desganada, el último trozo de tostada, apareció el médico. Era un hombre muy seco que, tras obligar a salir a Jacob, pese a mi insistencia en que se quedara, revisó mis heridas.
-La muñeca la tiene usted rota – informó- pero con dos semanas de escayola y reposo no quedarán secuelas. Las magulladuras y golpes tampoco dejarán mara, ni los cortes de las piernas, que son superficiales. Pero en el corte del pecho hubo que ponerle puntos de sutura y quedará cicatriz. Llegó usted al hospital con una gran pérdida de sangre, por lo que se le practicó una transfusión. Permanecerá aquí un par de días en observación y, si todo va bien, le daremos el alta. Mañana pasaré a verla.
Tras esta parrafada, salió de la habitación y Jacob volvió.
-¿Qué te ha dicho? – inquirió, preocupado.
-Que todo evoluciona bien y que seguramente en un par de días  me den el alta. Vete a casa un rato, anda. Tienes que estar agotado.
-No te preocupes, estoy bien. He dormido algo.
-Me da igual. Ve a desayunar, date una ducha, airéate tú que puedes, que yo estaré bien.
-Está bien. – cedió- ¿Necesitas algo?
-Pásate por mi casa y tráeme el libro que tengo empezado y algo de ropa para cuando me vaya de aquí, por favor.
Me dio un beso rápido y se fue.
Me pasé toda la mañana tumbada, pensando. A mediodía tuve una visita: Jones.
-Ah, estás despierta. ¿Cómo te encuentras?
-Bien… He estado mejor…
-Me alegro, pero te lo has buscado tú solita. Te has arriesgado demasiado. ¿Por qué lo has hecho? – inquirió sentándose en el sillón al lado de mi cama.
-Sabes por qué – respondí en voz baja, avergonzada.
-Te lo advertí – dijo fríamente – Te dije que no te dejaras llevar por tus emociones, que era muy peligroso. Me has decepcionado, Amanda.
-Lo siento, pero no pude evitarlo – susurré.
-¡Me da igual! – gritó Jones- Siempre pensé que eras lo suficientemente fría para este trabajo, pero veo que me equivoqué.
-¡No! – traté de defenderme – Esto no volverá a ocurrir. Sólo ha sido un desliz, estaba emocionalmente implicada con el objetivo de la misión…
-No nos podemos arriesgar a que se repita – zanjó – Además, ha llegado a mis oídos que has amenazado a una compañera – dejó caer, observando mi reacción.
Menuda hija de puta, me dieron ganas de cumplir mis amenazas. Pero en aquel momento, lo que más me preocupaba era saber si Julia le había contado algo más, si habría jodido también a Jacob.
Levanté la cabeza y le miré a los ojos.
-¿No lo niegas? – preguntó sorprendido.
-No, yo no miento.
-Y, ¿por qué lo hiciste?
-No soy una chivata. Si ella no te lo ha contado, yo tampoco lo voy a hacer.
-Está bien. Estás despedida. Créeme que lo siento, Amanda.
-No creo que lo sienta, Jones. Si ya ha terminado, me gustaría descansar, aunque solo sea porque he estado a punto de desangrarme. – sonreí con ironía.
-Está bien – dijo levantándose – Que te mejores.

Cuando Jones abandonó la habitación, una mezcla de alivio, rabia y desesperación me invadió y las lágrimas acudieron a mis ojos. Estaba aliviada porque este problema no salpicaba a Jacob, sentía rabia porque esa zorra me había jodido de verdad y desesperación por haber perdido mi trabajo y, con ello, el sentido de mi vida.

La Cazadora Cazada - Capítulo 7

Desperté en una habitación blanca que olía a desinfectante, alguien me había entablillado el brazo. Estaba en el hospital. La luz del sol entraba a raudales por la ventana y proyectaba sus rayos sobre Jacob, que estaba dormido en un sillón. Observé sus rasgos, memorizándolos: su mentón anguloso y sus labios carnosos. El pelo le tapaba la mitad de la cara y había adoptado una postura forzada, por lo que sus músculos estaban en tensión. Le debía la vida, de no ser por él habría muerto desangrada. Realmente agradecía que él fuera más sensato que yo, no soportaría estar en ese sillón mientras él estuviera inconsciente.
Me encontraba inmersa en mis pensamientos cuando una enfermera entró en la habitación.
- ¿Qué tal te encuentras, querida? – me sonrió mientras comprobaba mis constantes. Al ver que yo miraba a Jacob, me informó – Lleva aquí toda la noche. Estuvo desquiciado hasta que lograron estabilizarte. Tienes suerte, además de guapo, parece buen chico. Bien, todo está en orden. En un rato te traeremos el desayuno y vendrá el doctor a verte, ¿de acuerdo?
Asentí, distraída. Cuando la enfermera cerró la puerta, Jacob se despertó de golpe. Parecía desorientado, pero al verme despierta sonrió:
- Buenos días, princesa – se acercó a la cama y me acarició el pelo. – No sabes el susto que me has dado.
Cerré los ojos disfrutando de sus caricias.
- Gracias por salvarme y por quedarte conmigo. – susurré.
- Te prometí que no me iba a ir, y no lo voy a hacer. Pero tú también me tienes que prometer que no te vas a volver a arriesgar así.
- Prometido.  – Tras un momento de silencio le pregunté - ¿Cómo sabías dónde estaba?
- Habíamos quedado en tu casa ¿recuerdas? Como no abrías, usé la llave que me dejaste. Al ver que no estabas me preocupé y cuando vi la carpeta abierta en la mesa supe seguro adónde habías ido. – Me dirigió una mirada dolida - ¿Por qué lo hiciste? , ¿por qué fuiste tú sola? Sabías que era peligroso.
- Bueno, ya está hecho ¿no? – dije desviando la mirada - Logré matarle y ya está.
- Sí, pero casi te lleva con él. Mírame, - me hizo girar la cabeza y mirarle a los ojos. - ¿por qué te arriesgaste? No me mientas, sabes que me lo puedes contar. Sé que querías matarle, vengarte. Jones te advirtió que no te precipitaras.
- Lo sé. – Cedí con resignación – Sutter era el asesino de mis padres. Hace unos años llegué a casa y encontré sus cuerpos. Ese día juré que me vengaría. Por eso entré en la Guardia del Sistema. – Empecé a llorar y ya no pude parar de hablar. -  Antes de que murieran yo dudaba de que el Sistema fuera la mejor opción, creía que el progreso que vende no justifica las muertes y los experimentos con humanos. Incluso simpatizaba con los rebeldes, pero cuando me di cuenta de que ellos también mataban, me decidí por un lado. El que estuvo conmigo en ese momento y no me lo había quitado todo. Por eso no lo pensé dos veces y fui a por ese hijo de puta, por su culpa mis manos están manchadas de sangre.
Jacob me abrazó con suavidad hasta que dejé de llorar.
- Me quedé sola por su culpa y seguí adelante de la única forma que supe y sólo para vengarme. Ahora que lo he conseguido ¿qué sentido tiene mi vida?
- El que tú quieras darle. Y ya no estás sola, me tienes a mí. Escúchame, Amanda, te quiero y voy a estar contigo y te voy a apoyar siempre.
Los ojos se me inundaron de lágrimas y lo besé en la boca. No podía creer que después de todo un camino de sangre hubiera algo bello, como puede ser el amor.

- Yo también te quiero, – murmuré – aunque me hace sentir que tengo un punto débil.

24 sept 2012

La cazadora cazada - Capítulo 6

Me cambié de ropa: me puse unos pantalones negros y flexibles y una camiseta ajustada. Até a mi cinturón un par de puñales, introduciendo otro en la bota, y me coloqué en el pelo un par de horquillas impregnadas en veneno. Finalmente, oculté un revólver en el bolsillo de la cazadora.
Según los informes, en ese momento, Sutter estaba en su trabajo como guarda de seguridad de una fábrica del Sector Industrial.
Al llegar al lugar, bajé del coche y le busqué. Fingí que mi coche me había dejado tirada. Cuando se acercó a examinar el motor, bajé el capó y le golpeé. Al ser tan corpulento, apenas acusó el golpe.
Me miró con ira, yo saqué el revólver y le apunté.
- Cabrón, ¿recuerdas a Amy y Robert Morrow? Pues esto va por ellos.
Él rió y con rapidez me pegó una patada en la cara que me hizo caer al suelo. Disparé y le di en el hombro izquierdo. Con un rugido de dolor, me pisó la muñeca hasta que crujió y me hizo soltar el arma. El dolor me cegó momentáneamente y Sutter lo aprovechó para arrojarse sobre mí y golpearme. Me quitó los cuchillos del cinturón y con uno de ellos me hizo un corte superficial en la mejilla. Conseguí alcanzar el otro, que había dejado a un lado, y se lo clavé en la ingle, despistándolo. Conseguí zafarme y, cuando casi alcancé el revólver, me golpeó en la nuca. Perdí la consciencia por un momento y al despertar, a pesar de estar herido, con su mano izquierda rodeaba mi cuello y en la derecha sostenía un cuchillo.
- Vas a ver lo que es sufrir, preciosa - escupió con rabia.
Rajó mi camiseta, la apartó y posó el filo del cuchillo sobre mi ombligo. Lo clavó sin llegar a hundirlo y siguió el corte hasta llegar a mi cuello, en línea recta. Grité y él rió. Me arrojó de bruces al suelo, se colocó encima y recorrió parte de mis piernas con el cuchillo. Saqué fuerzas de donde pude: recordé a mis padres, que habían sido asesinados por esa bestia, y a Jacob, al que necesitaba volver a ver. Traté de incorporarme de golpe, sorprendiéndole, y soportando el terrible dolor que me atenazaba el pecho, me quité una horquilla y se la hundí en el ojo. Soltó el cuchillo y se apartó. Yo lo recogí y le apuñalé.
Estaba cansada y mareada, me dolía todo el cuerpo y notaba cómo perdía cada vez más sangre, pero no  podía más que quedarme allí tendida. Cerré los ojos.
No sé cuánto tiempo pasó, pero oí la voz de Jacob gritando mi nombre al verme tumbada en un charco de sangre. Vi sus ojos grises mirándome asustados cuando llegó a mi lado y vio mi situación, observé cómo llamaba a la ambulancia. Apoyó mi cabeza en su regazo e intentó detener mi hemorragia. Tomé su mano y me la llevé a los labios.
- Jacob - susurré - no me dejes, por favor... - las lágrimas corrieron por mis mejillas ensangrentadas, yo que nunca lloraba...
- Shh - me acunó él - estoy aquí, contigo, y no me voy a ir, ni ahora ni cuando te recuperes.
Rozó mi frente con sus labios y sentí como la consciencia me abandonaba.

17 sept 2012

La cazadora cazada - Capítulo 5

Media hora antes de salir, el jefe nos llamó a Jacob y a mí a su despacho. No pude evitar asustarme, creí que nos iba a despedir o echar la charla sobre el decoro, la actitud en el trabajo y todo eso. Cuando llegué, Jacob estaba sentado enfrente de Jones; yo ocupé la silla contigua con un aplomo que no sentía.
- Bien. Ya estáis aquí los dos. - nos miró a ambos con sus ojos saltones y una expresión insondable - Jacob y Amanda, sois los dos mejores asesinos de la Guardia del Sistema con los que contamos en el momento. - nos miramos sin entender nada, pero Jones continuó - A pesar de vuestra juventud, habéis demostrado tener una sangre fría y una capacidad para matar admirable. Por eso he decidido encargaros a vosotros el objetivo más peligroso que hemos tenido.
Calibró nuestras reacciones, aunque nuestros rostros no dejaban traslucir ninguna emoción.
- Marcus Sutter - continuó - "el Vengador". Se ha confesado como el asesino de la mayoría de nuestros compañeros que han aparecido bajo el signo de la rebelión.
Noté que el corazón se me aceleraba y mis puños se cerraban con fuerza en torno a los brazos de la silla: el asesino de mis padres. Jones, que se percató, advirtió:
- No quiero que os enfrentéis a él solos. Aunque contéis con el apoyo del otro, no os confiéis y mantened todos vuestros sentidos alerta. Sutter es muy listo y no le temblará el pulso ni se dejará llevar por sus sentimientos. Así que, Amanda, no me hagas dudar de tu profesionalidad y no te dejes arrastrar por la sed de venganza. Sed prudentes. Aquí tenéis todos los detalles. - terminó, tendiéndonos dos carpetas.
Jacob se fue nada más salimos del despacho sin decir nada. Yo fui a mi mesa, meditando sobre la posibilidad de cumplir la venganza que había prometido unos años atrás. Tenía claro que debía morir en mis manos, pero, posiblemente, Jones tendría razón y sería peligroso.
Estaba ojeando el contenido de la carpeta, cuando oí que alguien se acercaba. Levanté la cabeza y me encontré con la mirada de Julia. Me recosté en la silla y la miré a los ojos fríamente.
- ¿Qué quieres? - espeté.
- Que no te acerques más a él, puta.
- Eso tendrá que decidirlo él, ¿no? Me acercaré a él todo lo que quiera. ¿O no pensarías que Jacob estaba enamorado de tí? ¿Qué te crees? ¿Que esto es un cuento de hadas? Porque tú pierdas el culo por él no te va a corresponder, no me seas inocente.- reí.
Las lágrimas inundaron sus ojos. Apoyó las manos en la mesa y se acercó a mí, mirándome con rabia.
- Pues como no te alejes, te jodo la vida: le cuento todo lo que he visto a los de arriba - amenazó.
Antes de que se diera cuenta, me puse de pie y apunté con la punta de las tijeras a su cuello. Ella abrió los ojos al máximo, asustada. Miró a su alrededor en busca de ayuda, pero estábamos solas.
- ¿Ahora sí tienes miedo, zorra asquerosa? - susurré - Si se te ocurre cumplir esa amenaza o volver a amenazarme te juro que te busco hasta en lo más profundo del infierno, te arranco todos y cada uno de esos pelos, sigo quitándote la piel a tiras y te mato a hostias, ¿está claro? - tiré de su coleta hasta que quedó mirándome a los ojos - Responde, puta.
Asintió, llorando y la solté. Salió corriendo de la sala y yo recogí mis cosas y me fui a casa.
Seguí examinando la información de Sutter en la mesa del salón y continué con mis reflexiones. Si le pillaba por sorpresa podría tener una oportunidad. Julia me había calentado la cabeza y eso, unido a la sed de venganza, me hizo tomar una decisión.

3 sept 2012

La cazadora cazada - Capítulo 4

Me desperté cuando ya había amanecido, acurrucada entre los brazos de Jacob. Él aún dormía. Parecía tan indefenso así... Acaricié los músculos de su pecho hasta llegar a su barbilla, que recorrí con los dedos para continuar con el contorno de sus labios.
Cuando abrió los ojos, me quedé prendada de ellos mientras él acariciaba mi pelo rubio, hasta que me besó. La pasión volvió a invadirnos y volvimos a entregarnos el uno al otro.
Mientras desayunábamos en la cama empezamos a conversar:
- ¿Qué significan tus tatuajes? - me preguntó intrigado.
- La serpiente de la espalda simboliza que soy fría y letal como ella - una sonrisa se dibujó en sus labios - y la mariposa del pecho refleja mis ganas de ser libre.
- Mmm... Creo que te falta algo que simbolice tu ternura...
- ¿Pero yo tengo de eso? - reí.
- Esta noche me has demostrado que sí, aunque yo lo dudaba...
- Bueno y el tuyo, ¿qué? Yo te he revelado mis secretos, ahora te toca a ti.
- El mío es un dragón porque espero tener algún día el valor que tiene esa raza.
Recorrí la silueta de su tatuaje en la espalda y, abrazándole, murmuré:
- No creo que seas un cobarde.
Ahora sé que probablemente se refería a lo que me ha llevado a estar donde estoy.
Seguimos viéndonos cada vez con mayor frecuencia. Normalmente en casa de uno de los dos, aunque de vez en cuando salíamos juntos, pero no hablamos a nadie de que entre nosotros hubiera más que amistad. Estaba enamorada, y cada vez más. Para mí era extraño preocuparme de alguien más que de mí misma, y eso me hacía sentir vulnerable.
Un día mientras me estaba preparando un café en la oficina, sus brazos rodearon mi cintura y sus labios rozaron mis sienes.
- Hola, amor. - susurró.
- Ten cuidado. Nos van a ver - respondí, acariciando su mejilla y mirando alrededor.
- Lo sé, tranquila, no hay nadie.
Me giré para quedar frente a él y rodeé su cuello con mis brazos.
- ¿Quedamos esta noche en mi casa? - propuse.
- Perfecto - Me dirigió una mirada traviesa y, tras comprobar que estábamos solos, se acercó a mi oído. - Pero, ¿no te apetece algo de aventura?
Comenzó aprisionando el lóbulo de mi oreja con los labios y siguió bajando por mi cuello. Le sostuve la cabeza con mis manos y le besé:
- No pensé que a ti también te excitara esto. - susurré.
Me levantó y me sentó sobre la encimera. Solté sus pantalones mientras él me remangaba la falda y me abría las piernas. En el momento cumbre de nuestra unión, a la vez que mi boca recorría su torso desnudo, la puerta se abrió y entró Julia, la secretaria de Jones, y la mayor admiradora de Jacob, que tenía varias en la oficina. Al vernos, su cara se desencajó y salió a toda prisa.
- ¡Mierda! - maldije.
- ¿Qué pasa? - preguntó Jacob sorprendido mientras yo le apartaba.
- ¿No la has oído entrar? Nos han pillado. ¿Pero cómo no te has enterado? - le recriminé al tiempo que nos vestíamos.
- Creo que estaba algo ocupado, ¿no te parece? - respondió, molesto - ¿Quién era?
- ¡ Ese es el problema! Julia, la presidenta de tu club de fans. Ahora estará contándoselo a todos.
- Amanda, tranquila, no creo que diga nada - me consoló.
- ¡ No me digas que me tranquilice! Esa tía me va a joder porque desearía ser ella a la que te estabas follando.
- Mírame a los ojos: no te va a joder, no puede hacerlo. - La seguridad de sus ojos grises disolvió parte de mi miedo - Ahora lo que tenemos que hacer es fingir que no ha pasado nada y evitar que nos vean juntos, ¿de acuerdo?
Asentí, arreglándome el pelo. Él salió de la habitación enseguida. Al volver a mi mesa, sentía las miradas asesinas de todas las mujeres posadas sobre mí, pero logré recuperar mi frialdad y, en algunos casos, incluso clavé la peor de mis miradas en un par de ellas, que se acobardaron.

27 ago 2012

La cazadora cazada - Capítulo 3

Jones decidió que volviéramos a trabajar por separado. Mis víctimas eran simples peones sin importancia dentro del movimiento rebelde. Jacob recuperó su altanería y cada vez que se dirigía a mí lo hacía en tono socarrón. Me divertía observarle porque sabía que, a pesar de su aparente seguridad, le incomodaba mi presencia.
Un año después, localizamos a la empresaria que sufragaba los gastos de la rebelión. Debido a que siempre iba protegida por dos guardaespaldas, Jacob y yo tuvimos que volver a trabajar juntos.
Encontramos a la mujer en una mesa de un elegante café, sentada ella sola y , a dos mesas de distancia, sus gorilas. Mi compañero, vestido de traje, se acercó a ella mientras yo lo controlaba todo desde la barra.
- Buenas noches, señorita - saludó él con la mejor de sus sonrisas. - ¿ Cómo puede ser que  una mujer tan bella esté sentada aquí sola? ¿Le importa que la acompañe?
- Desde luego, siéntese - respondió ella, observándole con una mirada calculadora.
Jacob continuó con una serie de cumplidos y palabras aduladoras. Había hechizado a la mujer, que le contemplaba embobada sonreír, revolverse el pelo negro...
Finalmente, él la invitó a cenar a un restaurante de las afueras. Se levantaron de la mesa y Jacob le ofreció su brazo, pero ella, antes de agarrarse, le tocó el culo. A mí me molestó, aunque no sabía por qué, lo hizo.
Tras ellos salieron los guardias, y yo detrás. Al llegar a la esquina, me quité una horquilla del pelo, me acerqué a su altura, fingí tropezar y clavé la punta de ésta, impregnada de veneno, en el cuello del hombre, que se desplomó al momento. Antes de que su compañero se percatara, extraje un puñal de mis botas y se lo hundí en la nuca. La mujer escuchó caer los cuerpos y se volvió, sorprendida. Yo me acerqué con el arma a punto y, cuando, asustada, miró a Jacob, se encontró con el cañón de una pistola con silenciador apuntando a su cabeza. Antes de que pudiera decir nada, una bala atravesó su cráneo.
- Buen trabajo - comenté con sarcasmo - Enseguida te la has ligado.
- ¿Celosa?
-¿Yo? Nunca. Siempre consigo lo que quiero.
- ¿Vamos a celebrar nuestro éxito? - propuso, mirándome con diversión.
- ¿Dónde me llevas a cenar? - decidí seguirle el juego.
Cenamos en un restaurante indio y después me arrastró a una discoteca de moda. Entre copa y copa, comentamos los pormenores de nuestro trabajo y detalles de nuestros asesinatos. Hasta que me convenció para bailar con él. Tras un par de canciones manteniendo las distancias, se acercó a mí, posó sus manos sobre mi cintura y me susurró al oído:
- ¿Sigue en pie la amenaza sobre lo de acercarme a ti? ¿ O los celos de antes significan algo?
- Yo no estaba celosa. - Entonces me di cuenta de que mentía; en secreto, anhelaba ese contacto. Acaricié su melena y él me besó, primero con suavidad, tanteando mi reacción, y después con pasión. Deslicé mi mano por su pecho a la vez que sus manos se colaban por debajo de mi vestido y sus labios recorrían mi cuello.
Fuimos a mi casa. Nada más atravesar el umbral, le quité la americana y comencé a desabrochar su camisa mientras nuestras bocas exploraban todos los rincones del cuerpo del otro. Le tumbé en la cama, me quité el vestido y me tendí junto a él.

13 ago 2012

La cazadora cazada - Capítulo 2

A los 20 años, competía por el puesto de asesino más efectivo con Jacob, un arrogante que se creía mejor que cualquiera. No le soportaba, ni él a mí. Consciente de ello, Jones decidió que lo mejor era que trabajáramos juntos. 
Nuestra primera víctima conjunta fue una revolucionaria que movía las protestas de los sectores obreros. Era la propietaria de dos apartamentos en el Sector Industrial, ella vivía en uno de ellos y el otro lo alquilaba.
Decidimos hacernos pasar por una pareja interesada en él y nos citamos con ella en ese mismo lugar. Tras mostrarnos el piso, preguntó:
- Bueno, ¿a qué os dedicáis?
- Yo soy músico y ella es camarera - respondió Jacob - ¿Verdad, amor? - añadió, plantándome un beso en los labios y aprovechando para tocarme el culo.
- Sí, claro - sonreí mientras le retiraba la mano.
- Hacéis una gran pareja - comentó la víctima. - ¿Cómo os conocisteis?
- Él actuó en el pub donde trabajo - contesté - Fue amor a primera vista.
- Sí, así es. ¿Cómo no enamorarse de esos ojos azules? - replicó él.
- Precioso. Si queréis podéis mudaros hoy mismo y mañana firmamos el contrato.
Cuando la mujer salió, acorralé a Jacob contra la pared.
- Ni se te ocurra volver a ponerme las manos encima - le susurré en tono amenazador.
- Hey, preciosa, relájate, que solo interpretaba un papel. - replicó sonriendo.
- No me importa. Como te vuelvas a acercar a mí más de lo necesario vas a saber quién soy yo.
Tenía que demostrar que era mejor que ese chulo: debía ser yo quien la matara. Por eso, después de una semana viviendo en el apartamento, aproveché una salida de Jacob para ir a buscar a nuestra casera. Conseguí que me acompañara a casa con la excusa de una gotera en el baño. Cuando fue a verla, la empujé y la hice entrar en la ducha. Entonces saqué una daga del cinturón, la sujeté por el cuello contra la mampara y, mirándola a los ojos, le rajé el estómago lentamente para, al final, clavársela en el corazón.
Cuando mi compañero volvió, yo estaba sentada en el sofá. Le saludé con una sonrisa:
- Hola, cielo. - dije con ironía.- Creo que ya podemos dejar de fingir.
-¿ De qué hablas? Tengo un plan para quitarla de en medio.
-¡Oh! De acuerdo, pero creo que puede esperar. - Solté una carcajada al ver su expresión perpleja.
Me acerqué a él y, echándole los brazos al cuello, comencé a besarle la mandíbula, ascendiendo hasta morderle el lóbulo de la oreja.
- ¿ O me vas a decir que no te resulto atractiva?
Antes de que contestara, le besé en los labios y me quité la bata que llevaba, mostrando mi ropa interior de encaje.
- Amanda,¿ tú estás bien? - Inquirió, pasando sus ojos grises por todo mi cuerpo.
- Mejor que nunca. Ven conmigo. - Dije. Agarrándole de la mano, le guié hasta el baño. Me apoyé en la parte externa de la mampara y lo atraje hacia mí. Él me besó, había entrado en el juego. Cuando sus manos comenzaron a acariciarme la cintura, abrí la ducha y, al ver el cadáver, sus ojos se abrieron por la sorpresa y se alejó de mí.
- ¿Qué? ¿Sorprendido? - reí- ¿Esperabas hacerlo tú?
- ¿Todo esto era un juego? ¿ Me estabas tomando el pelo?
Sus ojos refulgían de rabia, pero a mí no me asustaba.
- Si tenemos que trabajar juntos será mejor que veas mis métodos y lo que soy capaz de hacer, ¿ no?
Tras decir esto, salí del baño, dándole una palmada en la espalda, me vestí y me fui.

29 jul 2012

La cazadora cazada - Capítulo 1

Mi madre, Amy, era una de las jefas de la Guardia del Sistema en el Sector 2 de la ciudad, el más cercano a la Casa Gris. Esta es la residencia oficial y el centro de operaciones de la Comisión de Gobierno que encabezaba el Sistema, la forma de gobierno instaurada en la ciudad tras la llegada al poder de un grupo de científicos. Pero esto fue antes de que yo naciera.
Mi padre, Robert, fue uno de los médicos que luchaban por el avance científico al servicio del Sistema, que justificaba la experimentación con humanos, en su mayoría, rebeldes.
Recuerdo como si fuera ayer el día en que llegué a casa tras mi entrenamiento para entrar en la Guardia y me encontré todas las luces de la casa apagadas. Era muy extraño que mis padres aún no hubieran llegado. Cuando encendí la luz de la sala de estar, todo estaba revuelto. Saqué la navaja que guardaba en mi mochila y, sigilosamente, avancé por la casa en dirección a la cocina, que presentaba el mismo aspecto de siempre, al igual que el baño y mi dormitorio. Al alcanzar el cuarto de mis padres, los encontré tendidos sobre la cama. Al acercarme, pude ver que estaban muertos y, sobre la frente de ambos, aparecía un símbolo, el de los rebeldes. La ira me invadió y en ese momento decidí vengarles. Tenía 17 años.
Llamé a los compañeros de mi madre, que tras analizar los cadáveres, dictaminaron la muerte por envenenamiento. 
David Jones, el jefe de la Guardia del Sistema, se ocupó de mí a partir de entonces y, al cumplir los 18 años, ingresé como miembro activo de la Guardia.
Pronto, por mi tesón y mi frialdad en los casos de problemas callejeros, entré en la Unidad de Asalto, que se ocupa de los rebeldes.
Mi primera misión fue el asesinato de un periodista que llevaba la publicación oficial de la rebelión. No recuerdo su nombre, pero sí que era un mujeriego que frecuentaba un tugurio en el Sector más sucio de la ciudad. La noche en que lo maté, me senté a su lado en ese lugar y lo seduje, lo que no me fue difícil con una simple minifalda y una camiseta escotada. Logré que me llevara a su casa y allí, tras tumbarlo sobre la cama, a horcajadas sobre él, lo degollé. No me tembló el pulso en ningún momento, como no lo hizo en sucesivas ocasiones.

21 jul 2012

La cazadora cazada - Prólogo

Mientras ajustan las correas que sujetan mis muñecas y tobillos a la fría camilla, rememoro todo lo que me ha hecho llegar hasta aquí. No me arrepiento de nada. La mí tan solo es una forma de vida, arrebatando otras, sí, pero me ha permitido seguir adelante. Por eso, mientras el verdugo me acerca la jeringuilla con la sustancia que va a poner fin a mi existencia, alzo la cabeza y miro desafiante y a los ojos a todos y cada uno de los espectadores de mi final. Aquí están el juez, mi defensa, la acusación, varios familiares de mis víctimas y gente que simplemente ha acudido a disfrutar del espectáculo. La única persona que falta, es la única a la que me gustaría ver por última vez.
Me llamo Amanda y esta es mi historia.