23 may. 2014

Chaotic Shiny, el generador perfecto para crear mundos completos

Buenos días a todos, antes de todo, debo disculparme por no cumplir aquello que dije de ir subiendo consejos de escritores para escritores, pero lo que he encontrado es siempre lo mismo: lee mucho y no esperes a las musas. Pero bueno, hoy no venía a deciros eso.

Os voy a presentar el generador aleatorio más completo que he visto hasta el momento: Chaotic Shiny. En esta página puedes generar desde personajes y objetos hasta panteones y sociedades completas.

En un principio iba a poner un ejemplo de cada sección, pero la entrada se alargaría innecesariamente, otra opción era describir todos los generadores que tiene, pero al llegar a la mitad, me di cuenta de que iba a ser una entrada interminable, así que me limitaré a poner una imagen de un par de categorías:




5 feb. 2014

La Cazadora Cazada - Capítulo 17

Mientras ajustan las correas que sujetan mis muñecas y tobillos a la fría camilla, rememoro todo lo que me ha hecho llegar hasta aquí. No me arrepiento de nada. La mí tan solo es una forma de vida, arrebatando otras, sí, pero me ha permitido seguir adelante. Por eso, mientras el verdugo me acerca la jeringuilla con la sustancia que va a poner fin a mi existencia, alzo la cabeza y miro desafiante y a los ojos a todos y cada uno de los espectadores de mi final. Aquí están el juez, mi defensa, la acusación, varios familiares de mis víctimas y gente que simplemente ha acudido a disfrutar del espectáculo. La única persona que falta, es la única a la que me gustaría ver por última vez.
Estoy en el mismo lugar en que se celebró el juicio, pero han apartado todas las mesas y en el centro de la sala han colocado la camilla en la que voy a morir.
A pesar de que solo me restan unos minutos de vida, tan sólo estoy preocupada por Jacob.
Al acabar el juicio ayer por la tarde, los  dos tipos me devolvieron a mi celda y me informaron de que mi ejecución estaba prevista para el amanecer. Estaba dormitando sobre el camastro cuando escuché la puerta de la celda abrirse. Entró Jacob, vestido de negro y con sigilo.
- Amor, siento haberte hecho pasar por esto – susurró sentándose a mi lado y besando mi frente – Pero voy a arreglarlo, te lo aseguro. No vas a morir.
- Shhh, no le des más vueltas, cielo. – traté de tranquilizarlo – Con el estilo de vida que he llevado, estaba claro que antes o después iba a acabar así.
- Pero no tan pronto…
- Todo el mundo muere, es ley de vida, y mi hora ha llegado ya, nos guste o no.
- No digas…
- Es así, Jacob – le interrumpí - ¿Eres consciente de que a partir de ahora te van a observar con lupa? Voy a morir y no quiero que intentes hacer nada para evitarlo, porque eso te pondría en peligro.
- No me dejaré coger, Amanda – insistió con vehemencia – Me voy, pero no te dejaré aquí. Te quiero.
Sus labios rozaron los míos con dulzura. Disfruté de ese beso, el último. Cuando nos separamos, insistí:
- No lo hagas, por favor. – supliqué – Te amo y no soportaría que te pasara algo por mi culpa.
- Eso no te lo puedo prometer.
Por eso ahora estoy preocupada, porque estoy segura de que  no me ha hecho caso, de que ha intentado cualquiera que fuera su plan. Una parte de mí, que no ha asumido la muerte, ruega al cielo por que sea así.
Mientras pienso en esto, siento cómo la aguja atraviesa mi piel, mi carne, hasta llegar a mi vena. El líquido que inyectan está frío y lo noto incorporarse a mi sangre. Noto cómo se extiende por mi brazo mientras asciende.
Los espectadores contienen la respiración, me doy cuenta de que están deseando ver morir a alguien que consideran despreciable, sin saber que ellos no son mejores que yo, son igual de mezquinos.
El frío ya ha alcanzado mi pecho, pronto llegará a mi corazón y todo habrá terminado.
- Fin de la función, rebeldes. – desafío con mis últimas energías.

Mi corazón se está helando, como muchos creen que ha estado siempre. Si así hubiera sido, ahora no me sentiría dolida ni traicionada por él. A pesar de haberle pedido que no lo hiciera, esperaba que me rescatara;  pero eso solo ocurre con las damas bellas e ingenuas, y yo no lo soy, o era… Fue bonito mientras duró, sangriento, pero bello. 

23 ene. 2014

La Cazadora Cazada - Capítulo 16


-De acuerdo – Jackson se recuperó enseguida – Esta mujer está acusada de dar caza y muerte a 50 de los nuestros en apenas dos años de pertenencia a la Unidad de Asalto. Para demostrarlo, contamos con los informes de la propia Guardia del Sistema recopilados por Julia Simons.
-Bien – intervino Shawyer – no vamos a negar que sus manos están manchadas con nuestra sangre, pero tal vez deberíamos remontarnos a sus motivos para ello – la miré con sorpresa, eso no me lo esperaba, no me gusta hablar de mí y no quería hacerlo – Por favor, señorita Morrow, explíquenos por qué comenzó a matar para la Guardia.
-Porque Marcus Sutter mató a mis padres.
-Pero usted ya se entrenaba para ello antes de que eso ocurriera – acusó Jackson.
-En efecto, pero dudaba de los principios del Sistema, no los compartía. Incluso sentía cierta simpatía por vosotros – añadí con desdén – porque creía que valorabais la vida humana más que nosotros. Pero no es así. Cuando encontré los cuerpos de mis padres, vi que sois tan despreciables como nosotros. Simplemente escogí quedarme con  mi gente y vengar la muerte de mi familia sin cuestionarme nada más.
-Ya ven que los motivos que han movido a esta joven son los mismos que nos mueven a nosotros – dijo Shawyer – Sus actos son un homenaje a su familia.
Los líderes comenzaron a murmurar entre ellos. La tensión se palpaba en el ambiente. Miré a mi defensora, que parecía preocupada, y busqué a Jacob con la mirada. No estaba, ni él ni los dos tíos que habían ido a buscarme.
Finalmente, la mujer de antes se levantó y yo la miré a los ojos, desafiante.
-Tras tener en cuenta los informes y el testimonio de la acusada, hemos decidido que nada de lo que pueda decir puede eximir sus culpas. De hecho, lejos de arrepentirse de sus acciones, está orgullosa de ellas. Por ello, la condenamos a muerte.
Solté una carcajada.
-Espero que hayan disfrutado de este pequeño teatro que han montado, porque mi castigo estaba claro desde el principio. Pero no olviden que al final se han convertido en aquello que tanto odian y con lo que quieren acabar. No son mejores que nosotros, al contrario, son hipócritas y tienen las manos tan llenas de sangre como yo.
Los ocupantes de la mesa se levantaron y abandonaron la sala, seguidos por Jackson. Shawyer se acercó a mí.
-Lo siento – dijo, y parecía sincera.
-No te preocupes – reí – no dudé en ningún momento que este sería mi final. Pero gracias de todos modos, ¿por qué me has defendido?
-Por mi hermano Jacob. Él te quiere y esto le va a destrozar. Quería evitarlo, o por lo menos intentarlo.
De repente, unas manos se apoyaron en mis hombros.
-¿Qué ha pasado? – preguntó Jacob.
Cerré los ojos sin atreverme a contestar, y su hermana desvió la mirada.
-No puede ser – murmuró, abrazándome.
Los dos tipos que habían ido a buscarme a la celda aparecieron y apartaron a Jacob, que golpeó al más alto antes de que su hermana le obligara a apartarse. Me hicieron levantarme y, a empujones, me sacaron de la sala.
-Es una lástima que no vayas a sufrir como la gente a la que mataste, puta – dijo el rubio, limpiándose la sangre de la boca.

1 ene. 2014

La Cazadora Cazada - Capítulo 15

Al poco tiempo, dos hombres vestidos con el uniforme rebelde entraron en la celda. Nos miraron con repugnancia mientras Jacob apretaba su abrazo y sus músculos se tensaban.
-¿Qué? – preguntó con dureza.
-Baja los humos, Shawyer – respondió el más alto, rubio y con el pelo grasiento – Hemos venido a llevarnos a esta zorra a la sala principal para un juicio que no merece.
Jacob se levantó de un salto y le acorraló contra la pared, susurrándole algo al oído. El otro hombre, moreno de ojos saltones, le puso la mano en el hombro.
-Tranquilo, solo vamos a acompañarla.
-Pero yo voy con vosotros – sentenció Jacob.
Se acercó a mí y me ayudó a levantarme. Me agarró de la cintura y avanzamos por un corredor húmedo y mal iluminado. Bajamos por unas escaleras metálicas hasta llegar a lo que en su momento debió ser el comedor de la cárcel. Por las ventanas se podía ver una preciosa noche estrellada y en la sala había un pequeño grupo de personas. En la mesa más grande se sentaban cinco rebeldes. De frente a ellos, a la derecha había una mujer menuda que me sonrió al percatarse de mi mirada, y a la izquierda se sentaba un hombre que me observaba con desdén.
-Por lo menos hace una magnífica noche para morir – murmuré.
-No digas eso. No vas a morir.
Yo sabía de sobra que era una esperanza vana, pero no me atreví a contradecirle de nuevo. Me sentó en una silla solitaria en el centro de la sal y se retiró a una esquina.
-Bien – dijo la mujer que ocupaba el espacio central de la mesa – Amanda Morrow, está usted aquí presente para ser sometida a un juicio. Nosotros – señaló a los cuatro que la rodeaban – somos los líderes de la rebelión y los que juzgaremos la naturaleza del castigo que le corresponde. – no pude evitar sonreír, por lo que ella frunció el ceño y continuó – La señorita Shawyer será la encargada de su defensa, mientras que el señor Jackson expondrá los cargos. – mi sonrisa se acentuó.
-¿Qué le hace tanta gracia, señorita Morrow? – saltó Jackson - ¿Le parece divertida su situación?
-En absoluto – respondí mirándole con frialdad, fijamente. Noté con satisfacción que eso le asustaba.

-Empecemos cuanto antes – resolvió la mujer.

14 dic. 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 14

-Mis padres murieron en uno de los laboratorios del Sistema cuando yo tenía diez años y mi abuela me crio. En mi familia eran rebeldes y a mí me entrenaron para infiltrarme en la Guardia del Sistema y actuar desde dentro. Pasaba información a los líderes sobre quiénes estaban en la Unidad de Asalto y quiénes eran las próximas víctimas. La noche que nos enviaron a por Sutter, le llamé al móvil y, como no contestaba, fui a tu casa. Por eso te encontré.
-Pero, ¿y tus víctimas? – pregunté confundida.
-La única rebelde a la que he matado es a la que tú viste morir. El resto simplemente se han ocultado aquí desde que supieron que iban tras ellos – Se detuvo como si dudaras si seguir hablándome de ello o no – Julia también es una de los nuestros. Inicialmente, nuestro objetivo era Jones, pero cuando Julia nos pilló… ya sabes… Se lo contó a los jefes. Ellos decidieron ir a por ti, cambiar temporalmente el objetivo, para que no me distrajera de la misión inicial. Por eso discutíamos el otro día en el restaurante.
-¿Por qué coño no me lo has dicho antes? – pregunté encolerizada.
-¿Y qué habrías hecho? ¿Matarme? – sonrió con amargura – Además, solo habría conseguido acelerar esto y, tal vez, sin juicio. La muerte de Sutter fue la gota que colmó el vaso.
-¡Ah, que no merecía morir! – estallé- Mira, entiendo que odies el Sistema y todo lo que lo representa, pero yo tenía los mismos motivos para matar a ese cabrón que tú para matar a los míos. Y sabes que fue uno de vuestros asesinatos lo que me llevó a estar donde estoy y a hacer lo que he hecho.
-Lo sé, Amanda, pero ellos no lo van a ver así de entrada. Quizá si en el juicio les cuentas lo que me contaste a mí de tus dudas antes de que murieran tus padres…
-¿Si se lo cuento, qué? – sollocé – Todo este juicio no es más que un show para tenerte contento, par que creas que tienen en cuenta lo que tú sientes y no te largues y les dejes tirados. Porque no creo que Julia valga nada como espía. Jacob, yo ya estoy muerta, desde que la zorra esa me dejó inconsciente en tu casa. No te engañes.
Observé su expresión derrotada mientras decía esto. Parecía realmente angustiado, un niño al que plantean un problema demasiado complicado. Me dolía verle así, a pesar de todo.
-Tienes que intentarlo, por favor – susurró – No te rindas. Eres lo único que vale la pena en mi vida, no puedo perderte así.

Me abrazó y sentí sus lágrimas en la fina tela de mi camisa, a la vez que las mías mojaban su pelo.

6 dic. 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 13

Cuando abrí los ojos, sentía una pesadez terrible en todos los músculos de mi cuerpo, además de un dolor de cabeza terrible; parecía la versión más fuerte de una resaca. Intenté mover los brazos para despejarme, pero los tenía atados a la espalda. No sabía dónde estaba. Me incorporé, apoyándome en la pared y miré a mi alrededor. Estaba en una celda fría y con goteras. Sólo había un camastro de hierro con un colchón ajado y sin sábanas y un viejo retrete. Recordé lo ocurrido en el piso de Jacob.
Estaba en el cuartel general de los rebeldes, que habían conseguido mantener oculto a la Guardia hasta el momento.
Los rebeldes nunca toman rehenes, matan directamente a los partidarios del Sistema. La mujer que me capturó dijo que los de arriba me querían viva, pero ¿para qué? Tenía que salir de allí, pero no había ventanas. Mientras pensaba cómo huir, llegó una mujer mayor, con el pelo canoso recogido en una coleta y unos ojos grises que hicieron que algo se revolviera en mí.
-Hola, Amanda – dijo con tranquilidad - ¿Quieres agua?
Asentí, mirando aquellos ojos y ella me acercó un vaso a la boca.
-Me llamo Kerrianne. ¿Sabes dónde estás? – negué con la cabeza – Vale, estás en nuestro cuartel general, la antigua prisión militar del sector 9.- Ese lugar había sido abandonado muchos años atrás, después de que el virus con el que estaban trabajando y experimentando unos científicos se les fuera de las manos. – Vas a ser sometida a un juicio. Ten en cuenta que eres la primera partidaria del Sistema a la que se va a juzgar.
-¿A qué debo el honor? – pregunté con sarcasmo.
-Porque es la única forma de mantener a mi nieto a nuestro lado. – la miré sin comprender y ella me sonrió – Venga, vamos a lavarte la sangre y a vestirte para comenzar el juicio.
Dicho esto, cogió una esponja y, con suavidad, me limpió la herida de la frente. Siguió quitándome la camiseta y los vaqueros para continuar lavándome.
-No sé por qué estropeáis vuestros cuerpos con tantos tatuajes – comentó para sí misma.
Me vistió con una falda marrón que me llegaba a las rodillas y una blusa que alguna vez fue blanca. La anciana me estaba recogiendo el pelo en una coleta cuando Jacob entró en la celda. Lo miré con sorpresa y entonces lo entendí todo. Kerrianne había dicho que yo estaba allí por su nieto y tenía los mismos ojos que Jacob. Él me había traicionado, la única persona en la que había confiado en años y el único hombre al que había amado.
Él llevaba unos vaqueros gastados, una camiseta negra y el pelo alborotado. Estaba pálido y con ojeras.
- Abuela, tengo que hablar con Amanda, ¿puedes dejarnos solos?
-Claro, cielo – dijo levantándose y dándole un beso en la mejilla al salir.
Se hizo el silencio entre nosotros. Él me miraba fijamente, como intentando decidir qué palabras usar, y yo trataba de aguantar las lágrimas de dolor e ira sin mirarle. Finalmente, se acercó y se sentó en el suelo a mi lado.
-Amanda, amor… - empezó en voz baja – Siento que tengas que estar aquí, todo esto es por mi culpa.
-Así que todo lo que has estado conmigo era para al final traicionarme ¿no? Eres un hijo de puta. Lo que no entiendo es por qué no me dejaste morir la noche que acabé con Sutter, habría sido más fácil. Por lo menos habría muerto sin odiarte…
-Por favor, amor…
-¡No me llames amor! – grité - ¡Me has arrastrado a la muerte!

-¡Amanda! – repitió, sosteniéndome la cara entre sus manos mientras sus ojos se llenaban de lágrimas – Al principio sí era así, pero no ahora. Todo lo que te he dicho, que te quiero, que estoy contigo, es real. Quería dejar la misión, pero no me lo permitieron. Me prometieron que no iban a ir a por ti ayer, por eso te dejé sola. Perdóname.