26 feb 2014
5 feb 2014
La Cazadora Cazada - Capítulo 17
Mientras ajustan las correas que sujetan mis
muñecas y tobillos a la fría camilla, rememoro todo lo que me ha hecho llegar
hasta aquí. No me arrepiento de nada. La mí tan solo es una forma de vida,
arrebatando otras, sí, pero me ha permitido seguir adelante. Por eso, mientras
el verdugo me acerca la jeringuilla con la sustancia que va a poner fin a mi
existencia, alzo la cabeza y miro desafiante y a los ojos a todos y cada uno de
los espectadores de mi final. Aquí están el juez, mi defensa, la acusación,
varios familiares de mis víctimas y gente que simplemente ha acudido a
disfrutar del espectáculo. La única persona que falta, es la única a la que me
gustaría ver por última vez.
Estoy en el mismo lugar en que se celebró el juicio, pero han apartado todas las mesas y en el centro de la sala han colocado la camilla en la que voy a morir.
Estoy en el mismo lugar en que se celebró el juicio, pero han apartado todas las mesas y en el centro de la sala han colocado la camilla en la que voy a morir.
A pesar de que solo me restan unos minutos de
vida, tan sólo estoy preocupada por Jacob.
Al acabar el juicio ayer por la tarde, los dos tipos me devolvieron a mi celda y me
informaron de que mi ejecución estaba prevista para el amanecer. Estaba
dormitando sobre el camastro cuando escuché la puerta de la celda abrirse.
Entró Jacob, vestido de negro y con sigilo.
- Amor, siento haberte hecho pasar por esto –
susurró sentándose a mi lado y besando mi frente – Pero voy a arreglarlo, te lo
aseguro. No vas a morir.
- Shhh, no le des más vueltas, cielo. – traté
de tranquilizarlo – Con el estilo de vida que he llevado, estaba claro que
antes o después iba a acabar así.
- Pero no tan pronto…
- Todo el mundo muere, es ley de vida, y mi
hora ha llegado ya, nos guste o no.
- No digas…
- Es así, Jacob – le interrumpí - ¿Eres
consciente de que a partir de ahora te van a observar con lupa? Voy a morir y
no quiero que intentes hacer nada para evitarlo, porque eso te pondría en
peligro.
- No me dejaré coger, Amanda – insistió con
vehemencia – Me voy, pero no te dejaré aquí. Te quiero.
Sus labios rozaron los míos con dulzura.
Disfruté de ese beso, el último. Cuando nos separamos, insistí:
- No lo hagas, por favor. – supliqué – Te amo
y no soportaría que te pasara algo por mi culpa.
- Eso no te lo puedo prometer.
Por eso ahora estoy preocupada, porque estoy
segura de que no me ha hecho caso, de
que ha intentado cualquiera que fuera su plan. Una parte de mí, que no ha
asumido la muerte, ruega al cielo por que sea así.
Mientras pienso en esto, siento cómo la aguja
atraviesa mi piel, mi carne, hasta llegar a mi vena. El líquido que inyectan
está frío y lo noto incorporarse a mi sangre. Noto cómo se extiende por mi
brazo mientras asciende.
Los espectadores contienen la respiración, me
doy cuenta de que están deseando ver morir a alguien que consideran
despreciable, sin saber que ellos no son mejores que yo, son igual de
mezquinos.
El frío ya ha alcanzado mi pecho, pronto
llegará a mi corazón y todo habrá terminado.
- Fin de la función, rebeldes. – desafío con
mis últimas energías.
Mi corazón se está helando, como muchos creen
que ha estado siempre. Si así hubiera sido, ahora no me sentiría dolida ni
traicionada por él. A pesar de haberle pedido que no lo hiciera, esperaba que
me rescatara; pero eso solo ocurre con
las damas bellas e ingenuas, y yo no lo soy, o era… Fue bonito mientras duró,
sangriento, pero bello.
23 ene 2014
La Cazadora Cazada - Capítulo 16
-De acuerdo – Jackson se recuperó enseguida –
Esta mujer está acusada de dar caza y muerte a 50 de los nuestros en apenas dos
años de pertenencia a la Unidad de Asalto. Para demostrarlo, contamos con los
informes de la propia Guardia del Sistema recopilados por Julia Simons.
-Bien – intervino Shawyer – no vamos a negar
que sus manos están manchadas con nuestra sangre, pero tal vez deberíamos
remontarnos a sus motivos para ello – la miré con sorpresa, eso no me lo
esperaba, no me gusta hablar de mí y no quería hacerlo – Por favor, señorita
Morrow, explíquenos por qué comenzó a matar para la Guardia.
-Porque Marcus Sutter mató a mis padres.
-Pero usted ya se entrenaba para ello antes de
que eso ocurriera – acusó Jackson.
-En efecto, pero dudaba de los principios del
Sistema, no los compartía. Incluso sentía cierta simpatía por vosotros – añadí
con desdén – porque creía que valorabais la vida humana más que nosotros. Pero
no es así. Cuando encontré los cuerpos de mis padres, vi que sois tan
despreciables como nosotros. Simplemente escogí quedarme con mi gente y vengar la muerte de mi familia sin
cuestionarme nada más.
-Ya ven que los motivos que han movido a esta
joven son los mismos que nos mueven a nosotros – dijo Shawyer – Sus actos son
un homenaje a su familia.
Los líderes comenzaron a murmurar entre ellos.
La tensión se palpaba en el ambiente. Miré a mi defensora, que parecía
preocupada, y busqué a Jacob con la mirada. No estaba, ni él ni los dos tíos
que habían ido a buscarme.
Finalmente, la mujer de antes se levantó y yo
la miré a los ojos, desafiante.
-Tras tener en cuenta los informes y el
testimonio de la acusada, hemos decidido que nada de lo que pueda decir puede
eximir sus culpas. De hecho, lejos de arrepentirse de sus acciones, está
orgullosa de ellas. Por ello, la condenamos a muerte.
Solté una carcajada.
-Espero que hayan disfrutado de este pequeño
teatro que han montado, porque mi castigo estaba claro desde el principio. Pero
no olviden que al final se han convertido en aquello que tanto odian y con lo
que quieren acabar. No son mejores que nosotros, al contrario, son hipócritas y
tienen las manos tan llenas de sangre como yo.
Los ocupantes de la mesa se levantaron y
abandonaron la sala, seguidos por Jackson. Shawyer se acercó a mí.
-Lo siento – dijo, y parecía sincera.
-No te preocupes – reí – no dudé en ningún
momento que este sería mi final. Pero gracias de todos modos, ¿por qué me has
defendido?
-Por mi hermano Jacob. Él te quiere y esto le
va a destrozar. Quería evitarlo, o por lo menos intentarlo.
De repente, unas manos se apoyaron en mis
hombros.
-¿Qué ha pasado? – preguntó Jacob.
Cerré los ojos sin atreverme a contestar, y su
hermana desvió la mirada.
-No puede ser – murmuró, abrazándome.
Los dos tipos que habían ido a buscarme a la
celda aparecieron y apartaron a Jacob, que golpeó al más alto antes de que su
hermana le obligara a apartarse. Me hicieron levantarme y, a empujones, me
sacaron de la sala.
1 ene 2014
La Cazadora Cazada - Capítulo 15
Al poco tiempo, dos hombres vestidos con el uniforme rebelde
entraron en la celda. Nos miraron con repugnancia mientras Jacob apretaba su
abrazo y sus músculos se tensaban.
-¿Qué? – preguntó con dureza.
-Baja los humos, Shawyer – respondió el más alto, rubio y
con el pelo grasiento – Hemos venido a llevarnos a esta zorra a la sala
principal para un juicio que no merece.
Jacob se levantó de un salto y le acorraló contra la pared,
susurrándole algo al oído. El otro hombre, moreno de ojos saltones, le puso la
mano en el hombro.
-Tranquilo, solo vamos a acompañarla.
-Pero yo voy con vosotros – sentenció Jacob.
Se acercó a mí y me ayudó a levantarme. Me agarró de la
cintura y avanzamos por un corredor húmedo y mal iluminado. Bajamos por unas
escaleras metálicas hasta llegar a lo que en su momento debió ser el comedor
de la cárcel. Por las ventanas se podía ver una preciosa noche estrellada y en
la sala había un pequeño grupo de personas. En la mesa más grande se sentaban
cinco rebeldes. De frente a ellos, a la derecha había una mujer menuda que me
sonrió al percatarse de mi mirada, y a la izquierda se sentaba un hombre que me
observaba con desdén.
-Por lo menos hace una magnífica noche para morir – murmuré.
-No digas eso. No vas a morir.
Yo sabía de sobra que era una esperanza vana, pero no me
atreví a contradecirle de nuevo. Me sentó en una silla solitaria en el centro
de la sal y se retiró a una esquina.
-Bien – dijo la mujer que ocupaba el espacio central de la
mesa – Amanda Morrow, está usted aquí presente para ser sometida a un juicio.
Nosotros – señaló a los cuatro que la rodeaban – somos los líderes de la
rebelión y los que juzgaremos la naturaleza del castigo que le corresponde. –
no pude evitar sonreír, por lo que ella frunció el ceño y continuó – La
señorita Shawyer será la encargada de su defensa, mientras que el señor Jackson
expondrá los cargos. – mi sonrisa se acentuó.
-¿Qué le hace tanta gracia, señorita Morrow? – saltó Jackson
- ¿Le parece divertida su situación?
-En absoluto – respondí mirándole con frialdad, fijamente.
Noté con satisfacción que eso le asustaba.
-Empecemos cuanto antes – resolvió la mujer.
14 dic 2013
La Cazadora Cazada - Capítulo 14
-Mis padres murieron en uno de los laboratorios del Sistema
cuando yo tenía diez años y mi abuela me crio. En mi familia eran rebeldes y a
mí me entrenaron para infiltrarme en la Guardia del Sistema y actuar desde
dentro. Pasaba información a los líderes sobre quiénes estaban en la Unidad de
Asalto y quiénes eran las próximas víctimas. La noche que nos enviaron a por
Sutter, le llamé al móvil y, como no contestaba, fui a tu casa. Por eso te
encontré.
-Pero, ¿y tus víctimas? – pregunté confundida.
-La única rebelde a la que he matado es a la que tú viste
morir. El resto simplemente se han ocultado aquí desde que supieron que iban
tras ellos – Se detuvo como si dudaras si seguir hablándome de ello o no –
Julia también es una de los nuestros. Inicialmente, nuestro objetivo era Jones,
pero cuando Julia nos pilló… ya sabes… Se lo contó a los jefes. Ellos
decidieron ir a por ti, cambiar temporalmente el objetivo, para que no me
distrajera de la misión inicial. Por eso discutíamos el otro día en el
restaurante.
-¿Por qué coño no me lo has dicho antes? – pregunté
encolerizada.
-¿Y qué habrías hecho? ¿Matarme? – sonrió con amargura –
Además, solo habría conseguido acelerar esto y, tal vez, sin juicio. La muerte
de Sutter fue la gota que colmó el vaso.
-¡Ah, que no merecía morir! – estallé- Mira, entiendo que
odies el Sistema y todo lo que lo representa, pero yo tenía los mismos motivos
para matar a ese cabrón que tú para matar a los míos. Y sabes que fue uno de
vuestros asesinatos lo que me llevó a estar donde estoy y a hacer lo que he
hecho.
-Lo sé, Amanda, pero ellos no lo van a ver así de entrada.
Quizá si en el juicio les cuentas lo que me contaste a mí de tus dudas antes de
que murieran tus padres…
-¿Si se lo cuento, qué? – sollocé – Todo este juicio no es
más que un show para tenerte contento, par que creas que tienen en cuenta lo
que tú sientes y no te largues y les dejes tirados. Porque no creo que Julia
valga nada como espía. Jacob, yo ya estoy muerta, desde que la zorra esa me dejó
inconsciente en tu casa. No te engañes.
Observé su expresión derrotada mientras decía esto. Parecía
realmente angustiado, un niño al que plantean un problema demasiado complicado.
Me dolía verle así, a pesar de todo.
-Tienes que intentarlo, por favor – susurró – No te rindas.
Eres lo único que vale la pena en mi vida, no puedo perderte así.
Me abrazó y sentí sus lágrimas en la fina tela de mi camisa,
a la vez que las mías mojaban su pelo.
6 dic 2013
La Cazadora Cazada - Capítulo 13
Cuando abrí los ojos, sentía una pesadez terrible en todos
los músculos de mi cuerpo, además de un dolor de cabeza terrible; parecía la
versión más fuerte de una resaca. Intenté mover los brazos para despejarme,
pero los tenía atados a la espalda. No sabía dónde estaba. Me incorporé,
apoyándome en la pared y miré a mi alrededor. Estaba en una celda fría y con
goteras. Sólo había un camastro de hierro con un colchón ajado y sin sábanas y
un viejo retrete. Recordé lo ocurrido en el piso de Jacob.
Estaba en el cuartel general de los rebeldes, que habían
conseguido mantener oculto a la Guardia hasta el momento.
Los rebeldes nunca toman rehenes, matan directamente a los
partidarios del Sistema. La mujer que me capturó dijo que los de arriba me
querían viva, pero ¿para qué? Tenía que salir de allí, pero no había ventanas.
Mientras pensaba cómo huir, llegó una mujer mayor, con el pelo canoso recogido
en una coleta y unos ojos grises que hicieron que algo se revolviera en mí.
-Hola, Amanda – dijo con tranquilidad - ¿Quieres agua?
Asentí, mirando aquellos ojos y ella me acercó un vaso a la
boca.
-Me llamo Kerrianne. ¿Sabes dónde estás? – negué con la
cabeza – Vale, estás en nuestro cuartel general, la antigua prisión militar del
sector 9.- Ese lugar había sido abandonado muchos años atrás, después de que el
virus con el que estaban trabajando y experimentando unos científicos se les
fuera de las manos. – Vas a ser sometida a un juicio. Ten en cuenta que eres la
primera partidaria del Sistema a la que se va a juzgar.
-¿A qué debo el honor? – pregunté con sarcasmo.
-Porque es la única forma de mantener a mi nieto a nuestro
lado. – la miré sin comprender y ella me sonrió – Venga, vamos a lavarte la
sangre y a vestirte para comenzar el juicio.
Dicho esto, cogió una esponja y, con suavidad, me limpió la
herida de la frente. Siguió quitándome la camiseta y los vaqueros para
continuar lavándome.
-No sé por qué estropeáis vuestros cuerpos con tantos
tatuajes – comentó para sí misma.
Me vistió con una falda marrón que me llegaba a las rodillas
y una blusa que alguna vez fue blanca. La anciana me estaba recogiendo el pelo
en una coleta cuando Jacob entró en la celda. Lo miré con sorpresa y entonces
lo entendí todo. Kerrianne había dicho que yo estaba allí por su nieto y tenía
los mismos ojos que Jacob. Él me había traicionado, la única persona en la que
había confiado en años y el único hombre al que había amado.
Él llevaba unos vaqueros gastados, una camiseta negra y el
pelo alborotado. Estaba pálido y con ojeras.
- Abuela, tengo que hablar con Amanda, ¿puedes dejarnos
solos?
-Claro, cielo – dijo levantándose y dándole un beso en la
mejilla al salir.
Se hizo el silencio entre nosotros. Él me miraba fijamente,
como intentando decidir qué palabras usar, y yo trataba de aguantar las
lágrimas de dolor e ira sin mirarle. Finalmente, se acercó y se sentó en el
suelo a mi lado.
-Amanda, amor… - empezó en voz baja – Siento que tengas que
estar aquí, todo esto es por mi culpa.
-Así que todo lo que has estado conmigo era para al final
traicionarme ¿no? Eres un hijo de puta. Lo que no entiendo es por qué no me
dejaste morir la noche que acabé con Sutter, habría sido más fácil. Por lo
menos habría muerto sin odiarte…
-Por favor, amor…
-¡No me llames amor! – grité - ¡Me has arrastrado a la
muerte!
-¡Amanda! – repitió, sosteniéndome la cara entre sus manos
mientras sus ojos se llenaban de lágrimas – Al principio sí era así, pero no
ahora. Todo lo que te he dicho, que te quiero, que estoy contigo, es real.
Quería dejar la misión, pero no me lo permitieron. Me prometieron que no iban a
ir a por ti ayer, por eso te dejé sola. Perdóname.
28 nov 2013
La Cazadora Cazada - Capítulo 12
Me acerqué con cautela, y sin hacer ningún ruido. Entré de
repente en la habitación. Allí había tres personas; dos hombres y una mujer,
armados y con la cara cubierta por un pasamontañas. En sus jerseys negros podía
verse la marca de la rebelión. Rápidamente, me coloqué detrás del que estaba
más cerca de la puerta, rodeé su cuello con un brazo y, tras desarmarle, apoyé
el cañón del revólver en su sien.
-Bueno, no quiero ningún movimiento brusco o vuestro
compañero pasará a mejor vida.
-¿Qué te hace pensar que nos importa que él muera? –
contestó, impasible, la mujer – No sería un sacrificio en vano si con ello
logramos capturarte, mala bestia.
-¡Oh!, está bien. –
resolví – Si no os importa… - apreté el cañón más fuerte – Creo que hay
demasiados visitantes indeseados aquí.
Las armas de los otros dos rebeldes me apuntaban
directamente, por lo que tras apretar el gatillo, solté el cuerpo del hombre y hui
en dirección al salón. Allí, me oculté en el hueco tras el sillón y la puerta,
donde esperé a que ellos salieran del dormitorio.
-No he oído la puerta – dijo el hombre – tiene que estar por
aquí.
-Tienes razón – respondió su compañera – Tú mira en el
salón, yo iré a ver en el baño.
Vi aparecer al hombre, que enseguida me dio la espalda para
mirar detrás del sofá grande. Cogí el cojín del sillón y me acerqué a él. Lo
coloqué sobre su boca y nariz y, con el revólver apuntando a su pecho, le hice
caer sobre el sofá. Coloqué la rodilla sobre su estómago, guardé el revólver y
extraje el puñal del tobillo. Se lo clavé en la garganta y el cojín se empapó
de sangre.
Me incorporé con cuidado y me giré para ir a buscar a la
mujer, pero ella estaba a mi espalda. Me golpeó en la cabeza con la culata de
una pistola y caí al suelo. Se arrojó sobre mí y me quitó el arma. Me revolví y
le golpeé la mandíbula con el puño. Ella escupió y, sacando una jeringuilla con
un líquido transparente, se colocó a horcajadas sobre mí. Me sostuvo un brazo e
inyectó el contenido de la jeringa. Sentí el líquido invadiendo mi sangre y
aturdiéndome.
-No sé por qué, pero los de arriba te quieren viva. –
escupió la rebelde con odio – Pero
realmente te mereces morir como un perro y sufriendo, como tus víctimas.
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