1 may 2013

No soy un monstruo


Me despierto y tú no estás a mi lado. Nadie lo está. Llevo en esta prisión de cemento cinco años por un crimen que no cometí. Nunca se me hubiera ocurrido apretar el gatillo contra ti. Eras las persona a la que más amaba. Aun recuerdo aquel día como si de una película filmada en blanco y negro se tratase.

Llegué a casa borracho, como tantas otras veces en las últimas semanas. La gente que me vio por la calle me miró juzgándome. El problema llegó cuando crucé el umbral de la puerta y me cercioré de que tú habías empezado a formar parte de ellos. Sin pensarlo alcé la mano contra tu rostro. Me miraste asustada, y te apartaste, temblorosa, unos pasos de mí. Tus ojos me decían todo lo que necesitaba saber; me tenías miedo. Antes incluso de que pudiese recapacitar mis actos, huiste. No me molesté en seguirte y me derrumbé sobre el suelo de nuestra casa, nuestro hogar.

Me recuesto en el camastro en el que apenas duermo por las noches, llorando. Marco un día más en la pared. Vuelvo a recordar el final de nuestra trágica historia con ese pequeño gesto.

Tirado cual colilla, completamente destrozado y abatido, grité al vacío del salón.
- ¡No soy un monstruo! No lo soy.
No estabas ahí para oír como estas palabras estaban cargadas de arrepentimiento. Horas después salí a buscarte ya que no volvías, estaba asustado... con razón. Te encontré en el suelo, sobre el charco de tu propia sangre. Sin poder evitarlo, me tiré sobre tu cuerpo inerte. No respirabas; te habías ido de mi lado. Así me encontró la policía.

El guarda viene a buscarme y dar final a mi tormento. Me arrastra por los pasillos de este sucio agujero. Me sienta sobre la silla y aprieta los grilletes. Antes de notar la primera descarga y perecer, vuelvo a pensar lo mismo que aquella noche: no soy un monstruo.

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Espero que os guste este relato corto que acabo de terminar hace apenas media hora XD
Tenía esto demasiado abandonado, ya era hora de subir algo.

31 mar 2013

Lluvia

... suena el despertador, esa alarma infernal que me mantiene en vela cada dia para que no me olvide de ir a mi destino. Decido apagarla y levantarme... otra vez vuelve la jornada laboral. Enciendo la radio mientras me afeito para comprobar las noticias de ultimo momento. Mientras lo hago digo "¿para que voy a molestarme? siempre es la misma mierda corrupta de nuestro gobierno." Cuando acabo decido vestirme y preparar el desayuno... miro por la ventana y ¿que veo? lluvia, hasta el tiempo esta triste. Cada dia que me preparo pienso en toda la mierda que es mi vida una y otra vez. ¿me habré vuelto loco? Algunos piensan que la locura se define simplemente como hacer lo mismo una y otra vez, esperando que alguna mierda cambie.
Así es mi vida, coger el coche e ir a trabajar para ganar algo que, incluso si le sale de la punta del pie, pueden quitarmelo, o bien, darmelo en forma de "vale" con el interes que a ellos mismos le ponen. Cada dia mas deprimente que el anterior hasta que los recuerdos que tanto amas desaparecen y lo unico que haces hasta el resto de tu vida es poner el modo automatico y dejarte llevar...
Por mucho que haga, siempre va estar dirigido por otra persona que no va a cambiar sus interes y, por lo tanto, nada cambiara.... Si... eso es... estoy loco.... la unica manera de finalizar esto es poniendo fin a mi vida.


                                                                                                         Fin del prólogo 1ª parte

29 ene 2013

Memorias de un fluorescente [Eugenio Cagigal]


MEMORIAS DE UN FLUORESCENTE
(Cuento de triste moraleja)

No puedo recordar cuánto tiempo llevo aquí. He perdido por completo la noción del tiempo. Intento saber algo sobre mí. Intento descubrir si hay alguna razón más allá de todo lo que me rodea que dé sentido a mi pobre y monótona vida. Me repito continuamente lo único que sé acerca de mi existencia, intentando encontrar así las respuestas a todas las preguntas que  me hago.

Llevo colgado en el techo de esta clase toda mi vida, esperando alguna señal que me indique que no solo estoy en este mundo para dar luz a una clase de 2º de Bachillerato.

Sé que no estoy solo, hay más tubos fluorescentes como yo en esta clase. Estamos colocados de dos en dos para que toda el aula quede iluminada. Todo esto lo he tenido que deducir, ya que solo puedo ver al compañero que tengo al lado, aferrado a una chapa metálica igual que yo. Esa misma chapa me impide mirar hacia los lados y no veo al resto de fluorescentes, pero tienen que estar ahí. Miro hacia abajo y hay mucha luz; yo soy incapaz de producir tanta, no soy tan poderoso.

Me intento mover para ver qué hay más allá de esa chapa. Mi compañero de mira de reojo y me pregunta: “¿Qué estás haciendo?”. Yo le intento explicar lo que me intriga saber qué hay al otro lado de esa chapa. Mi compañero, con su actitud seria y borde de siempre, me dice que no me tiene que importar lo que hay a mis lados, y que lo que tengo que hacer es centrarme en mirar hacia abajo y dar luz, ya que ese es mi trabajo. Yo creo que me ha tocado el compañero con menos luces de entre todos los fluorescentes, pero no me apetece discutir con él y miro hacia abajo.

En ese momento veo a un grupo de adolescentes que escuchan la lección del profesor. Ellos saben que deben estar en clase y de vez en cuando se ríen, pero la mayor parte del tiempo se aburren y sueñan que están en otros lugares ajenos a ese aula de estudio. No se imaginan lo bien que los comprendo.

Llevo un tiempo observándolos, sin que nada interesante ocurra. Muy despacio, los empiezo a notar más relajados y sus caras se van iluminando poco a poco. El ambiente se vuelve cada vez más alegre. En ese momento el profesor dice: “Recogemos”, y se produce el momento más esperado por los alumnos. Yo, al ver la felicidad en sus rostros, también me pongo contento, pero en pocos segundos no queda nadie en la clase. Vuelvo a estar solo, con la única compañía del fluorescente más antipático y despegado que he conocido.

Esta es la rutina de todos los días de mi vida.

Un día como otro cualquiera los alumnos entraron en clase y escuché la conversación que tenía un grupo de ellos antes de que la clase comenzara. Mientras hablaban, sus caras se alegraban y solo deseaban que la clase terminara para poder ir a ese sitio que ocupaba completamente sus mentes. Yo estaba maravillado por lo que oía y descubrí  lo que quería hacer en mi vida. “¡Ya sé qué quiero ser!”, le dije a mi compañero. Éste me miró extrañado. “¡Ya sé para qué estoy en este mundo! ¡Para alegrar a los jóvenes!”. Mi compañero me pidió que me explicara mejor. “¡Yo no quiero ser el fluorescente de una aburrida clase de Bachillerato! ¡Quiero ser foco de discoteca!”. Entonces mi compañero se empezó a reír como no le había visto en la vida hacerlo. Me dijo que eso era imposible; que yo nunca sería un foco de discoteca. ¿Por qué se dedicaba continuamente a decirme que yo no iba a llegar a nada más en la vida y a desanimarme cada vez que se me ocurría una de mis brillantes ideas? Le dije que iba a conseguir mi propósito, que sería foco de discoteca y que todo el mundo querría ir a bailar donde estuviera yo.

Como mi compañero seguía riéndose, empecé a hacer lo único que podía: parpadear para que la clase viera lo bien que se me daba. Cuando empecé a encenderme y a apagarme conseguí despistar al profesor, que se quedó mirándome, y poco después a todos los alumnos que sonreían y miraban al profesor. Yo estaba orgulloso por lo que había conseguido, pero de pronto mi compañero me miró y me dijo: “¿Se puede saber qué estás haciendo? No te miran porque parpadeas bien, sino porque has interrumpido su clase. Haciendo esa bobada no vas a conseguir que te pongan en una discoteca, solo conseguirás que el profesor mande poner un fluorescente nuevo. Por mucho que te esfuerces, nunca te verán como un foco de discoteca, y si intentas hacer algo distinto para ellos solo serán un fluorescente roto, así que deja de hacer el imbécil”. Me gustaría poder decir que yo tenía razón, pero lo que todos pensaban era lo que acababa de describir mi compañero. Paré de parpadear y me quedé quieto, mirando hacia abajo, alumbrando a la clase, diciendo adiós a mis sueños y haciendo, como siempre dice mi compañero, mi trabajo.


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Hoy publico este cuento por cortesía de Eugenio Cagigal, espero que os guste. Y pensar que este relato surgió porque el fluorescente de clase iba mal y dejó de parpadear poco después de interrumpir la clase... en fin XD

Os dejo el enlace a su canal, donde podréis ver algunos cortos, muestras de instrumentos que él mismo ha creado, etc.

http://www.youtube.com/user/eugeniocagigalamo

6 ene 2013

Warlord Legacy cap 12


Cap 12:Un invitado inesperado
Yolvar y Korin llegaron a un montículo cercano a la mansión de Acadia II y Yolvar utilizó un conjuro para ampliar su campo de visión y ver la ubicación de los guardias y Garras escarlata:
-Bien, creo que podríamos usar la puerta lateral.- dijo Yolvar en un tono sereno y tranquilo
-¿Pero tú estás loco? Es la única puerta que tiene guardias, además, son muchos!.-
-hahah… no te preocupes, conseguiremos que llamen la atención los garras escarlata para poder seguir con nuestra intromisión.-
Acto seguido, Yolvar cogió en su palma un montón pequeño de tierra y acto seguido se convirtió en una pequeña bola de energía marron:
-Busca y destruye.- susurró Yolvar
La pequeña bola de energía fue rauda y se posó en uno de los últimos miembros de Garras Escarlatas
Para seguirlos:
-Seek and Destroy.- dijo Yolvar
Poco después, Yolvar le dijo a Korin de que podríamos entrar fácilmente en un rato. Cuando saltaron las alarmas, todos los guardias se fueron en dirección a los garras escarlata, mientras tanto, Korin y Yolvar aprovecharon para infiltrarse por la entrada lateral. La entrada era bastante simple, los muros eran de ladrillos con musgo creciendo entre ellos y en la cima de los muros se podía distinguir una valla de hierro con forja negra en forma de flecha que se extendía por toda la muralla formando un recinto metálico. La puerta estaba medio abierta, siendo esta una puerta de barras antigua con la inicial A.
-Entramos, vaya, no me imaginaba que esto fuera un castillo tan grande.-
-Exacto, el castillo fue construido en un principio para evitar las invsiones barbaras, es un castillo tipo Actaria.-
El castillo estaba formado por piedras negras y con cuatro torres con forma de prisma octogonal, las enredaderas invadían sus paredes, Korin y Yolvar
No podían perder mas tiempo allí y decidieron entrar pero, ¡cruel destino!, dentro de la sala principal estaban los guardias esperándoles. La sala era espaciosa y tenía una escalera central como si fuera el hall de una mansión de estilo victoriano:
­-Bienvenidos mis queridas ratas, habeis caído en mi trampa.- dijo Acadia mientras bajaba las escaleras.
-Mierda.-
Los guardias es rodeaban y Yolvar comenzaba a crear su espada de fuego.
-Ignis Freure nivel 2.- Dijo Yolvar –Espero que se te ocurra algo rápido.-
-DIOOSSSS!!!.-
Sin pensarlo, Korin lanzó su espada de dos manos con todas sus fuerzas y atravesó el pecho de Acadia II. Mientras que caía, Yolvar se quedaba cada vez mas blanco :
-pe…pe…pero… ¿¡QUE HAS HECHO PEDAZO DE ANIMAL!!???.-
-¿Qué?.- dijo Korin
Tal y como estaban las cosas, Korin tuvo que hacerse paso a puñetazos mientras que Yolvar no daba liberado el sello que puso en Korin y atacando con su espada de fuego:
-No doy sacado a Faust… Yolvar…¿Qué MIERDAS ME HAS HECHO?.-
-Te puse un sello porque sabía que acabarías pifiándola, Sello Liberado!.-
En ese momento, Faust apareció clavándose en el suelo como si de un rayo se tratase y, la cogerlo Korin, se transformó automáticamente en Lehez y al mismo tiempo, se hacía paso para buscar en distintas habitaciones a Covanndre. Finalmente entró en una en la que podría estar y, al entrar en la habitación, apareció en una especie de patio:
-Pero qué….-
El patio se veía un tanto extraño, Al entrar se podía ver que estaba cimentado en piedras rectangulares que estaban desgastadas y a ambos lados había una especie de zonas cuadradas con bancos, arboles sin hojas y barandillas. En la zona frontal, había unas escaleras que guíaban a un recinto rectangular que estaba destrozado hacia el final terminando en un barranco. Korin miró hacia atrás y la puerta estaba cerrada pero era extraño, se veía la fachada del castillo:
-Pero… no puede ser, por este lado estaba el barranco que debía guiar al océano, debería estar en agua.-
Antes de que se diera cuenta, alguien le estaba atacando desde el aire con una espada de dos manos de la anchura de 17cm de un color blanco, el mango era negro y liso y la guardia tenía unas alas blancas gigantescas:
-¡Muy Lento!.- dijo el misterioso sujeto
Korin dejó que Lehez tomara control de él para parar el golpe con una mano y propinarle un golpe con Lehez, pero el sujeto actuó ágil y se retiró  hacia atrás con su magnífica espada. El misterioso sujeto ya le sonaba de antes, o por lo menos su constitución
-JAJAJA… esto parece interesante, un sujeto extraño entrando por primera vez en esta habitación. No percibo sangre azul… solo la familia Aberline puede entrar en esta habitación. Y te presentas tú, con tu túnica negra con detalles metálicos por el pecho y capucha ancha, una maldita máscara blanca con líneas rojas manchada por varias gotas de sangre de tus enemigos, barro y esa maldita expresión. Seas quien seas acabaré contigo aunque, seré menos severo contigo ya que me has hecho un pequeño regalo (buscando en su bolsa).-Dijo el sujeto riéndose
Acto seguido sacó de la bolsa una cabeza por los pelos: era la cabeza de Acadia II.
-Tu… ¿Cómo te has hecho con eso?.-
-Te lo volveré a decir: soy el defensor de los Aberline, pero me quería quedar con un pequeño recuerdo de esta: la cabeza de la última sucesora.-
-¡tsk… si no dejas en paz a los muertos, tendré que matarte!.-
Nada más acabar la conversación, Korin se lanzó hacia el sujeto con fuerza, pero este lanzó la cabeza hacia el aire, se defendió de Korin y volvió a coger la cabeza. Korin, confuso,  trató de atacarle otra vez, pero este le dio con el canto de la espada en la cabeza, desapareció de delante de sus narices y le golpeó por detrás:
-te he advertido, es inútil, soy mejor que tú.-
-Je… ¿acaso has visto mi potencial?.-
Entonces, Korin comenzó a rodearse de un aura azul y su velocidad se incrementó drásticamente:
-Tsk… parece que tendré que ponerme en serio.-
Antes de que acabase de hablar, Korin ya estaba encima de él con aquel brillo azul en sus ojos. Este trató de parar el golpe , pero al pararlo con su espada, Korin cogió su cabeza y comenzó a correr en dirección a la pared y lanzarlo hacia ella, al conseguirlo, este salió del cráter que hizo el golpe de Korin y sin un rasguño:
-¿esto es todo lo que puedes hacer? Me has decepcionado bastante chico.-
En ese momento, Korin comenzó a oír una voz en su cabeza además de la de Lehez:
-Esta vez creo que podré hacerme cargo de ti, no conseguirás escapar.- dijo la voz misteriosa
-Pero qué… no puedo controlarlo….-Dijo Lehez impresionado
En ese momento, del cuerpo de Korin comenzaron a salir unas cadenas gruesas de metal para atarlo en 8 puntos del suelo, entonces, las líneas de su máscara desaparecieron y se transformaron en unas llamas negras en la parte inferior izquierda pintadas sobre la propia máscara.
-Oh mierda, esto es…-
Korin se liberó de las cadenas, pero Lehez estaba guardada, lo único que quedaba en su mano era una arma tipo garra de metal oscura con largas y anchas garras:
-¿estás consciente?.- Volvió a decir el ente misterioso
En ese preciso instante, Korin desapareció ante el y, sin darse cuenta, le clavó la garra por la espalda.
-tsk, creo que tendré que deshacer la ilusión y actuar yo mismo.-

5 dic 2012

NaNoWriMo

Como podéis ver, hoy no actualizo para mostraros ninguna historia sino para hablaros de una web con una iniciativa tan loca como excelente. No sé si lo conoceréis, pero se trata de NaNoWriMo (National Novel Writing Month).

Lamentablemente llego tarde, puesto que el mes en el que tiene lugar es Noviembre, pero aun así os quería hablar de ella para que la conozcáis os planteéis si queréis participar o no.

NaNoWriMo, se define a sí misma como un divertido aproximamiento a la escritura de la novela mediante el esfuerzo personal (traducción un poco vaga, pero mi inglés no da para más).

La idea es la siguiente: desde el primer día de Noviembre los participantes deben ponerse las pilas y escribir una novela de 50.000 palabras antes de que termine el mes. Parece una auténtica locura, ¿verdad? Pues por lo visto no es tan imposible como podría parecer, porque al rededor de 300.000 personas se presentaron el año pasado y viven para contarlo.

En fin, de momento no tengo mucho más que decir, pero aclararé algunos puntos:
 - Puedes escribir en cualquier idioma.
 - Para participar debes registrarte antes en la web para poder subir lo que has escrito.
 - Debes llegar las 50.000 palabras o pasarte, no valen 49.999.
 - Tiene que ser totalmente original, no valen textos que ya hayas publicado en otros sitios o que ya tengas escritos, la idea es escribir las 50.000 palabras en el tiempo dado.


Ya sé que ahora mismo no sirve de nada avisaros de esto, pero intentaré recordarlo cada año a finales de Octubre por si alguien se atreve a participar.

3 dic 2012

Kyrie


Los copos de nieve caían suavemente quedándose acumulados en el alfeizar de la ventana. En la calle grupos de gente que cantaba villancicos paseaban de puerta en puerta impregnando del espíritu navideño a todas aquellas personas que tenían tiempo para escucharles.  Kyrie veía como esa gente reía, era feliz. Ella no. Hacía poco que había terminado con su anterior pareja y la vida no la estaba sonriendo. Delante del fuego de la chimenea recordaba todos sus buenos momentos: como caminaban agarrados de la mano mientras se contaban las vivencias del día, como el uno acababa las frases del otro debido a todo lo que se conocían,...  Al girar la mirada vio como en la oscuridad de la noche una luminosa estrella fugaz surcaba el cielo; fue entonces cuando pidió el deseo que tanto anhelaba, conocer por fin a una persona que la quisiera tanto como ella podía llegar a quererle, una persona que la amase por encima de todas las cosas. Aunque en el fondo sabía que eso era imposible, ¿o tal vez no?
A la mañana siguiente
La nieve había cuajado con rapidez después de toda una noche nevando. Kyrie se levantó con rapidez con la ilusión de un niño pequeño por ver los regalos de Navidad. Debajo del árbol un pequeño paquete con su nombre aguardaba. Al abrirlo vio lo que era, un conjunto de gorro y bufanda para el frío. Nada del otro mundo, lo típico que los padres regalaban a sus hijos cuando no los conocían o creían conocerlos, como siempre no lo suficiente. Tras una ducha de agua caliente y horas delante del armario para saber que ponerse, salió a la calle con la actitud de alguien que se quiere comer el mundo. Ese era su día, el día de Navidad, el mejor día del año.
Al llegar al parque en el que tantos días había pasado acurrucada con Garet vio a una pareja de ancianos dando de comer a las palomas. Se les veía tan felices juntos, tan... No tenía palabras para describirlo. Continuó su camino hasta la tienda de regalos más próxima. Al entrar vio un gran tumulto de personas que hacían las últimas compras de Navidad. Los rezagados a los que la fecha se les había echado encima. Una vez en la sección de mujer, empezaría con su madre, intentó escoger algo a lo que ella le gustara. Tras miles de camisas, pantalones y vestidos encontró lo que sin duda a su madre le iba a encantar, un abrigo de piel blanco y negro con los botones dorados. Extendió la mano para cogerlo, con la mala suerte de que alguien al igual que ella había hecho el mismo gesto. Se giraron los dos a la vez mirándose a los ojos. Notaron un brillo en ellos, un brillo como el de los enamorados, a pesar de ser dos auténticos desconocidos. Dándose media vuelta Kyrie cambió de sección para continuar con las compras. Él mientras tanto la seguía. En cada esquina que ella giraba, ahí estaba él para verla entre las estanterías. Saliendo ya de la tienda con un par de zapatos que la habían gustado, pero que no eran ninguna maravilla, volvió a encontrarse con el mismo chico.
- Esto me lo voy a tomar como acoso- le dijo ella. Desde lo de Garet había perdido toda sensibilidad con el género masculino.
- Perdona si te ha molestado lo del abrigo, pero ahora no puedo hacer nada para no encontrarte, vivimos en la misma calle.
- ¿En la misma calle? Si fueras mi vecino te recordaría.
- Me acabo de mudar hace tan solo dos días con mi padre. Mi madre se ha quedado en Portland con mi hermana pequeña. Por cierto, me llamo Josh, encantado de conocerte. ¿Y tú eres...?
- Kyrie, me llamo Kyrie.
- Que nombre más bonito. ¿Viene de algo en especial o...?- le preguntó él.
- De Dios, mis padres son muy religiosos.
Rápido se acabó el tema de conversación entre ellos, así que volviéndose a ignorar pusieron rumbo a sus respectivas casas. Al llegar a la de él se despidieron con los típicos besos en las mejillas y la felicitación navideña de rigor, sin saber que sus vidas se iba a volver a encontrar de forma fortuita tarde o temprano.
Una semana después
La fecha de fin de año se acercaba. Los adornos navideños aún seguían en las calles, aunque algunos de estos habían sido cambiados por los del año nuevo. Un año nuevo, un amor nuevo decía siempre la madre de Kyrie. Ésta quería que eso se cumpliera, pero veía que el día se acercaba y ese novio con el que tanto soñaba seguía siendo eso, solo un sueño; un bonito sueño.
Salió a la calle recordando aquel encuentro en Navidad con el hijo de los vecinos. No lo había vuelto a ver por los alrededores. Parecía que el chico había desaparecido de la faz de la tierra. Al girar la esquina chocó con alguien. Era él.
- Ho... Hola- le dijo Kyrie.
- Buenos días Kyrie. ¿A dónde ibas tan rápido que ni si quiera me has visto?
- Pe... Perdona... iba... pensando en mis cosas. Siento si te he hecho daño.
En ese momento Josh comenzó a reírse.
- ¿Se puede saber qué narices te pasa? Ya te he pedido disculpas- le contestó ésta de mala manera.
- Kyrie, era una broma. Perdóname ahora tú a mí.
Un silencio incómodo se apoderó de ambos, a la par que bajaban la cabeza mirando al suelo.
- Bueno... adios. Tengo que acabar de comprar las cosas para la cena de año nuevo con el vecindario. Imagino que tu padre y tú iréis.
- Por supuesto, no me la perdería por nada del mundo- contestó él.
De la misma se despidieron, sin saber que en lo que continuaban su camino se llevaban mutuamente en la cabeza y en el corazón.
Día de año nuevo
Kyrie llevaba pensando que ponerse todo el día. Había revuelto el armario de su hermana, el de su madre y el de la tía que vivía con ellos, nada la servía, nada la gustaba. Quería ponerse algo especial, en parte para impresionar a Josh, ya que las dos veces que se habían cruzado en las últimas semanas no se habría llevado una buena impresión de ella, con sus típicas sudaderas y vaqueros. Esa noche quería brillar como aquella estrella a la que pidió el deseo. Alguien debió de escuchar sus plegarias, ya que el bajar a abrir la puerta tras oír el timbre, descubrió un gran paquete blanco con una nota, "Esta noche brillarás". Nadie la había firmado, por lo que pensó en que sería una sorpresa de sus padres, que habían hecho la broma para que esta quedara impresionada. Al llegar de nuevo a su habitación y abrirlo se quedó maravillada. Un precioso vestido negro, largo con lentejuelas la esperaba dentro. Con mucho cuidado como si una muñeca de porcelana se tratase lo sacó y se lo probó delante del espejo de cuerpo entero de la esquina. La quedaba como un guante y además, era precioso. Sin duda esa noche se lo pondría.
Tras muchas horas de maquillaje y alisado Kyrie estaba lista. Había tomado prestados a su hermana los zapatos de su última fiesta de instituto. Esta preciosa. Su pelo quedaba suelto en bucles a su espalda, haciéndola parecer una princesa. Bajó las escaleras para dar la bienvenida a los vecinos cuando justo entraba él, Josh. El traje le quedaba genial, le hacía parecer más mayor de lo que seguramente era. Alzaron ambos la mirada, el mismo brillo de aquel día en la tienda invadía sus ojos.
- Estás... no tengo palabras. Veo que mi regalo te sienta bien- le susurró Josh cuando ésta llegó a la entrada.
- ¿Tu regalo? Oh por Dios, entonces no puedo aceptarlo. A penas nos conocemos- le contestó Kyrie a medida que se iba sonrojando.
- Entonces, conozcámonos mejor.
Tomándola del brazo, la acercó al comedor, donde todo el mundo se giró para observarlos. Hacían una pareja maravillosa. Josh la ayudó a tomar asiento, sentándose él a su lado. Pasaron la noche hablando, conociéndose como se habían prometido. Al llegar las doce de la noche, a la luz de las velas de la mesa Kyrie pidió otro deseo, algo distinto al anterior, poder conseguir a Josh, aquel vecino tan increíble que tenía, y como la vez anterior su deseo pronto se cumplió. Tras las campanadas de medianoche y las felicitaciones de año nuevo Kyrie y Josh continuaron hablando, cada vez más cerca el uno del otro. Hacían bromas que solo ellos por su edad entendían, se contaban intimidades que nadie más sabía. Tras un mal chiste de él y las risas de ella, se acercaron despacio, con timidez, hasta fundir sus labios en un cálido beso. Tras unos poco minutos, ambos se separaron deseando que el tiempo entre ellos se congelara para poder continuar de la misma manera, disfrutando cada roce.
De forma apresurada para que nadie los viera subieron las escaleras a la habitación de Kyrie. Una vez dentro Josh comenzó a desabrocharla el vestido de forma lenta y besando cada parte de cuerpo que la bajada de la cremallera le dejaba visible. Al llegar a la altura de la cadera ésta se giró para ayudarle a él también a desvestirse. La corbata roja, la camisa y la chaqueta pronto desaparecieron entre sus manos. Los pantalones y zapatos no tardaron mucho en caer al suelo también. Con ayuda de él Kirye acabó de desprenderse de la prenda mientras lo besaba con dulzura, con ternura, y con alegría. Pronto ambos desaparecieron entre las sábanas, en un mundo que nada ni nadie podría corromper.
Un año después
En el fuego de la chimenea Kyrie recordaba los buenos momentos junto a Josh. Ya había pasado un año desde que se conocieran en Navidad de aquella forma tan extraña. Su vida había dado un giro inesperado con la llegada de aquel chico. Cada día una nueva sorpresa en sus manos, cada día una nueva alegría. No podía creer que aquella estrella le concediera su deseo, así que cuando volvió a ver la nueva estela que surcaba la noche volvió a plantear otro; pasar junto a Josh el resto de su vida.


Aquí os traigo otro relato corto chicos, aunque éste de una temática más romántica. Espero que os guste^^

21 nov 2012

Amor en un concierto


El concierto había llegado a su fin y el sudor hacía que su camiseta se la pegara cada vez más al cuerpo. Abrió la puerta de su casa despacio, intentando no despertar a su compañera de piso, lo cual no era complicado ya que ésta dormía como un lirón. Subió las escaleras en dirección al baño con la clara intención de tomar una ducha. Una vez dentro se despojó de su ropa y dejó correr el agua caliente por su cuerpo, mientras recordaba las emociones vividas al ver a sus ídolos subidos en el escenario, al verlo a él en concreto justo en frente de ella. Su aspecto de chico malo, pero a la vez su cara angelical la hacían perder la completamente la cabeza.
Su pelo húmedo se le pegaba a la espalda. El agua continuaba resbalando por su cuerpo, por sus hombros,... Cerró el grifo y recogió su toalla morada, que enrolló alrededor de su pecho. Tomó su ropa y puso rumbo a su habitación. Al abrir la puerta y encender la luz se percató de que alguien se encontraba tumbado en su cama... era él.
- ¿Tú? ¿Qué... qué haces... tú aquí?- tartamudeaba debido a su nerviosismo. Él, su estrella, su ídolo estaba en su habitación, en su cama.
- Te he visto en el concierto, en primera fila, y que decir tiene que has captado mi atención, sino no estaría aquí.
Si, era tremendamente arrogante, pero esa era una de las cosas que precisamente más la atraían de él.
- Yo... yo...- no sabía que decir. No podía articular más de dos palabras seguidas sin temblar y ponerse nerviosa.
- Ven, acércate- se levantó de la cama y la tomó de la mano. En comparación con ella su piel era mucho más fría, debido sin duda al contraste de temperatura tras haber salido de la ducha.
Realizó un movimiento brusco con la intención de alejarse de él, haciendo que su toalla cayera al suelo. Él bajó la vista recorriendo su cuerpo con la mirada. Ella cada vez se sonrojaba más, pero en lugar de agacharse a recogerla, se quedó observándole. En ese momento la tensión acumulada entre los dos estalló y se acercaron el uno al otro. Las manos de él empezaron a recorrer su espalda y su cintura mientras sus labios buscaban los de ella con urgencia, con pasión. Ella por su parte correspondía a sus besos y sus caricias mientras intentaba desabrocharle el cinturón y el pantalón. Una vez quitados estos se dirigieron a la cama con la intención de continuar con lo que habían empezado. La camiseta de él cayó al suelo, siendo esta la última prenda que separaba ambos cuerpos.
Las caricias de él aumentaban de intensidad por momentos y los besos de ella hacían que él se volviera cada vez más loco. Deseaba poseerla; no había sido mala su elección cuando la había visto en el concierto con su pelo largo y castaño ondeando al viento y pegando saltos y gritos de alegría al verles. Algo le había hecho desear conocerla, aunque no de aquella manera. De todas formas, la situación le servía.
La tensión entre ambos se iba notando cada vez más. Sus cuerpos cada vez estaban más juntos, así que aprovechando la ocasión él decidió aumentar de intensidad. Su miembro buscaba con urgencia el de ella, y sin dudarlo ella se dejó hacer. Sentía su sexo entrando y saliendo dentro de ella, la hacía sentirse tan bien. Era él, su amor platónico, aquel chico por la que todas suspiraban. Los jadeos de ambos fueron subiendo de volumen a medida que iban aumentando el ritmo. Sus cuerpos sudorosos se encontraban imbuidos de placer. Tras una última embestida ambos se dejaron ir a la par. Tumbados en la cama, el uno junto al otro, comenzaron a hablar como si se conociesen de toda la vida, a pesar de que solo habían compartido una escena de sexo fugaz. Ella fue la primera en quedar dormida, con una sonrisa en los labios que delataba lo que había ocurrido. Él la observaba atónito, sin llegar a saber como él, el dios del autocontrol, de la arrogancia, el chico más frío del mundo había llegado a sentir eso por alguien.
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A la mañana siguiente se despertó. No había nadie a su lado, él se había ido. Empezó a pensar que todo era un sueño, pero su ropa interior tirada en el suelo delataba todo lo ocurrido la noche anterior. Se ató la bata y bajó las escaleras con la intención de desayunar. Allí estaba él, con la misma ropa del concierto de la noche anterior preparándola el desayuno. Se miraron sin saber que decirse o que hacer; ella dio un paso al frente y se acercó a él abrazándolo. él por su parte dejó lo que estaba haciendo y la abrazó como si aquel fuera el último sus días.
- Te quiero- fue lo único que salió de los labios de ella antes de que él los cerrara con un beso.
- Y yo a ti. Creo que podré acostumbrarme a esto- y sin decir más la agarro de la cintura la cogió en brazos y se dirigieron a la sala a revivir los recuerdos de la noche anterior.


Hola chicos. Ya sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que subí un relato pero bueno, la universidad es lo que tiene. Os traigo hoy un relato algo erótico, como el anterior que os subí. Espero que os guste