6 sept. 2012

El Diario del Diablo- Capítulo 2

Siberia, 12 de febrero de 1383

El día ha amanecido soleado, una buena forma de comenzar la rutina; me resulta tan confortable despertarme con la luz del sol y el canto de los pájaros.
Salgo con velocidad de mis desordenados aposentos, desciendo por la escalera principal, y tras caminar un par de minutos entro en el comedor, donde los reyes y príncipes me aguardan para comenzar con el desayuno. Me disculpo por la tardanza y ocupo mi lugar.
Nientras saboreo las deliciosas tostadas de mermelada de mora, alzo la mirada unos instantes y observo que madre no está probando bocado, a pesar de que sigue un régimen intenso, no por ello debe privarse de comer.
Hago un ruido con mi garganta y madre me mira. La pregunto qué tal se encuentra , pues no la veo con muy buena cara. Tras un breve silencio la reina, forzada, dice que no se encuentra bien , de ahí la falta de apetito. Asiento como si nada pasase y continúo con mi desayuno. Tras terminar su comida, y yo la mía, la sigo por el pasillo que conduce a sus aposentos y aguardo detrás de una estatua a que los guardias desaparezcan. En ese momento veo como la reina se despoja de sus vestiduras.
Su espalda está ensangrentada, surcada por tres enormes arañazos, es entonces cuando recuerdo lo acontecido la noche anterior. Caigo al suelo y comienzo a sollozar intentando que madre no me vea. No lo consigo pues ella se acerca a mí intentando  onsolarme. Me pregunta qué hago en su cuarto y lo único que yo puedo hacer es mencionar sus heridas. No responde, lo que consigue aumentar mi ira y no poder contener mis siguientes chillidos. Ella se queda sin hablay me dice algo que me aterra escuchar: "Tú sabes quien lo hizo".
En ese preciso momento un sudor frío comienza a bajar por mi espalda. Madre me expulsa de sus aposentos tras gritarme que me largue. Doy la vuelta y me retiro. Camino por el corredor hacia las escaleras principales y salgo a los jardines.
Mientras camino me encuentro a mi hermano mayor, Gregorovich, el heredero al trono. Se me acerca y tras los saludo pertinentes y alguna que otra preocupación por mi aspecto, comenzamos juntos a pasear.
A medio camino, Greg vuelve a hablar , preguntándome si he dormido bien, ya que la noche anterior había visto las puertas de mis aposentos de par en par, y mi cama vacía. Empiezo a ponerme nervioso otra vez, y la situación empeora tras decirme que momentos después escuchó un ruido y un grito de mujer (deduzco que de madre). Como puedo me libro de él y acudo a mi habitación con la intención de dormir; tantas emociones en un solo día me están pasando factura.

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Espero que os guste este segundo capítulo de El Diario del Diablo. Nos leemos.

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