30 ago. 2012

El Diario del Diablo- Capítulo 1

Siberia, 11 de febrero de 1383

No he podido conciliar el sueño esta noche, así que me he dispuesto a abandonar mis aposentos para dar una vuelta por el castillo; por cierto, me llamo Nikolai Ibanov, pertenezco a la realeza siberiana, y soy el menor de mis hermanos. Camino por el corredor mientras observo el antiguo y rasgado escudo de armas de nuestra familia. Posee una torre  con dos leones a cada lateral y una espada ensartada en ella, se aprecia que está bordada en un tapiz rojo, que con el paso de los años se ha vuelto granate.
Sigo caminando en dirección al balcón. Salgo; hace un frío horrible. Entre tanto , observo la luna que actúa como faro para todos aquellos que habitan en los bosques. Lo único que oigo desde aquí es el aullido de los lobos en estas duras noches de invierno. Me gusta contemplar el firmamento como forma de liberación ante una rutina agotadora.
Aún siendo príncipe vivo en una constante vorágine de problemas, y aunque poseo todo lo que quiero, hay algo que anhelo con toda mi alma, pero dudosamente consiga.
Vuelvo a mis aposentos a descansar. Hoy el día estará bastante agetreado.

Cuatro horas más tarde
Me he despertado de una horrible pesadilla, por lo que he decidido caminar de nuevo por el castillo. Llego a los aposentos reales, avanzando sigilosamente y sin motivo alguno ataco a la reina, dejándola marcada con tres profundos arañazos en la espalda. Oigo sus gritos ensordecedores y abandono la alcoba antes de que alguien sea testigo de mis actos.
¿Qué he hecho?, ¿qué me ocurre? No lo sé, no lo comprendo.
Me observo las manos y ropas, y compruebo que están cubiertas de sangre; sangre inocente, sangre de mi madre. Merezco un castigo por lo sucedido pero nada que pueda dañarme será lo suficiente. Por mucho que yo pueda hacer no se la borrarán esas marcas. Conozco al médico real, y a pesar de ser un gran profesional que ha servido a nuestra familia durante muchos años, dudo que pueda hacer nada para que las cicatrices desaparezcan, se quedarán ahí como muestra de quién soy yo, Nikolai Ibanov, príncipe y monstruo.

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